Donde las flores desafían a la muerte

En San Pedro y en otros pueblos como Toconao pertenecientes a la región de Atacama existe una celebración permanente de los colores. A priori, esta singular fiesta podría producirse por el contraste de los paisajes o por las fachadas de los edificios como en Valparaíso, sin embargo, el colorido espectáculo tiene lugar en el cementerio.

El campo santo de San Pedro de Atacama es un campo florido. Cruces blancas, azules y naranjas enterradas en el suelo junto a montones de tierra sin lápidas. Las criptas parecen casitas de juguete. Turquesas, rosas, marrones…
El toque kitsch viene dado por las flores y coronas de plástico que presiden las tumbas debido a las elevadas temperaturas. Así, el recuerdo permanece intacto, sin marchitarse como desafiando al propio paso del tiempo y en consecuencia mirando a la muerte a la cara sin languidecer.

El cementerio de San Pedro de Atacama es una invitación a sonreír, un oasis de flores entre kilómetros de desierto, montículos de tierra que se suceden aquí y allí con un orden algo desordenado. Luis, Antonia, Eugenio, Cesarea, Josefa… descansan siendo partícipes de una fiesta con un toque pagano donde el negro es un color que no tiene cabida. Nunca vi a la muerte en ese estado de alegría.

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