Traqueteo

El ramal en su parada en González Bastías

En la región del Maule, no muy lejos de Santiago pero lo bastante apartado para descansar de la vida urbana, existe una joya inmutable de dos vagones y que cada día recorre los 88 kilómetros que separan Talca de Constitución.

En 1892 se creó uno de los ramales más antiguos de Chile y que continua en activo orillando el río Maule durante casi 4 horas. No es uno de estos trenes vintage para pudientes que se ponen de moda. El ramal todavía sigue con su función de ser la única vía de comunicación con aquellas poblaciones maulinas aisladas.

Son las 7:23 de la mañana cuando tras el toque de silbato los dos vagones comienzan a avanzar mansamente por una vía completamente oscura. El revisor sube al primer vagón y cierra la puerta cuya medida de seguridad no es más que un cerrojo corredero. Los viajeros se acomodan en los asientos aturquesados. Las cortinas, color pistacho, se sujetan por un cordel elástico que se vence por el peso de la tela. Las ventanillas se abren de golpe por el traqueteo continuo y los compartimentos están a rebosar de maletas, bolsas, bultos.

El madrugón de ese día sábado casi me deja sin recompensa pero con un poco de suerte y algo de maña periodística conseguí subir al tren. Sólo 80 billetes son los que se venden para realizar en el trayecto matutino a Constitución. No hay posibilidad de reserva previa por lo que se recomienda alargar la noche y después irse a dormir unas horas o levantarse muy muy temprano. La prioridad es para los habitantes y trabajadores maulinos que no tienen otra posibilidad de alcanzar las apartadas y pequeñas poblaciones por las que discurre el ramal.

Clarea el día cuando la maleza y el pasto devoran los raíles. A lo largo del camino campos de siembra, viñedos y muchos invernaderos abandonados. Desnudos de sus plásticos, sus armazones de madera quedan a la intemperie del frío de la mañana.  La luna post llena de la noche anterior se despide y el sol nos saluda en la cola del ferrocarril.

El revisor desayuna mientras conversa con el conductor. Su vaso está envuelto en el humo de su bebida caliente que lo aleja del frío. Los pasajeros sacan sus termos de café o té y se calientan el alma para combatir la helada.

Colín, Curtiduría, Los Romeros, Maquehua son algunas de las paradas en las que se detiene el tren. En González Bastías, paradero intermedio del trayecto, los pasajeros descienden llamados por el olor a café, los huevos cocidos y las tortillas. Estas, lejos de ser españolas o francesas, son unos panes caseros cocinados entre las brasas de un fuego. Un pan cuyo sabor devuelve a los hombres al sabor de la tierra, de lo hecho con cariño.

En González Bastías el tren de Talca se encuentra con el procendente de Constitución. No hay otro raíl para la simultaneidad de ambos por lo que el encuentro es obligatorio. Como dos enamorados se citan para verse cada día ante la atenta mirada de un antepasado ruinoso y oxidado que se conserva en la estación a modo de reliquia. Se ven por en unos minutos para estar a solas en medio de la gente. Se despiden en direcciones opuestas y hasta la tarde.

El paseo acompaña al río Maule que se ensancha desde Curtiduría y se esconde tras los bajos cerros dispuestos en el terreno. Las luces según avanza el día cambian las tonalidades los reflejos de sus aguas. Ferrocarril y río van de la mano camino a Constitución.

No son todavía las once cuando el tren cruza el Puente Banco Arena que supera la desembocadura del río Maule. Se alcanza a ver todo el perfil de la ciudad de Constitución, arrasada por el tsunami de 2010, y a los pocos minutos se llega a destino cerca del centro de la ciudad maucha.

El sabor de lo genuino impregna a las personas que se deciden a realizar el trayecto en uno de los dos sentidos. La ambición por acelerar el reloj y llegar a destino se detiene, existen otras vías alternativas mucho más rápidas. Mi boleto 93788, clase única Talca-Constitución para dos personas de la fecha 7 de abril de 2012, es un pase para perderse entre la naturaleza y disfrutar de un traqueteo que tranquiliza al corazón.

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One response to “Traqueteo

  • Karin Poblete

    Hermoso relato, muy bien escrito, con notas de aroma a sentimiento y emoción por lo vivido, por lo recorrido en ese viaje. desde el sentimiento de una pasajera donde vivió Jorge González Bastías, poeta de las tierras pobres le digo muchas gracias.

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