Archivo mensual: octubre 2012

Una herramienta de progreso sin utopías

La delicada economía de Malawi necesita un motor que reflote su precaria situación. El ecoturismo parece ser la baza que la administración de Joyce Banda tiene en la recámara para convertirla en una herramienta contra la pobreza. Sin embargo son muchas las mejoras que el gobierno malawí tiene que llevar a cabo para que el discurso medioambiental no quede en una utopía y se convierta en la piedra angular del despegue socioeconómico del país.

El artículo completo Ecoturismo eficiente para impulsar el desarrollo de Malawi se puede leer en el blog de Periodismo de Viajes.

Lago Malawi y la Isla de Thumbi desde Chembe


Dzalanyama o la desconexión

Panorámica de la Reserva Forestal de Dzalanyama

La arena se apoderó del chasis de nuestro Corolla del 98 cargado de comida para todo el fin de semana. No hay posibilidad de encontrar nada de comer en la Reserva Forestal de Dzalanyama por lo que es necesario la parada en algún supermercado antes de iniciar la ruta de unos 60 kilómetros aproximadamente al suroeste de Lilongüe. Nuestro mapa, poco detallado, no se asemejaba a la realidad. Varias rutas alternativas, vías, giros, senderos… se disponían en nuestro camino. La conducción se hace maratoniana en casi 3 horas de baches, saltos, hoyos… La velocidad apenas superó los 40 km/h. y aunque todo hubiera sido más fácil con un 4×4, el viejo Corolla se comportó como un campeón.

Bellas, asoladas y pobres poblaciones creadas a base de casas de adobe, arcilla y ladrillo salteaban el paisaje. Algunos puestos construidos con maderos acogían el comercio de pescado deshidratado, carne, tomates y mangos. Pude contar hasta tres talleres de bicicletas al lado del camino.

Las bicicletas son la principal fuente de locomoción entre estas aldeas que además utilizan este transporte para cargar numerosos trozos de madera que son apilados hasta alcanzar más de los dos metros de altura. Una cansada y rutinaria tarea como la de ir a la bomba de agua a cargar bidones y cubos para el uso privado, cocinar y limpiar, la de cargar sacos de harina para realizar la nsima o la de lavar la ropa en los riachuelos aledaños.

Las gallinas corren y picotean a su antojo. Las cabras pasean juntas como conociendo el camino. Las vacas, con una extraña joroba, son más delgadas pero pastan juntas como siempre u obstruyen el camino para que contemplemos cómo defecan mientras nos miran de vuelta sin importarles nada. Sin pudor ninguno.

La vela se consumía y perdía la batalla contra la ligera y fresca brisa. La noche llegó casi sin quererlo, de repente, y la oscuridad nos impedía ver más allá de un par de metros. En el porche bebíamos cervezas e intentábamos apurar las últimas páginas de nuestros libros. Forzábamos la vista hasta que decidimos que era hora de cenar.

Las cigarras mantenían despierto el rumor del bosque. Su concierto ensordecedor a lo largo del día se disolvía entre los árboles a esas horas de la tarde. Los pájaros dejaban de cantar aunque todavía escuchaba aquel sonido corto pero de rápida frecuencia que me recordaba al silbido de mi padre cuando nos llamaba mi hermano y a mí.

Perdidos en la Reserva Forestal de Dzalanyama, una pequeña casa de cuatro habitaciones situada junto al riachuelo Makata, era nuestro refugio para el fin de semana. Lejos del ajetreo, de la pelea por la gasolina, del calor y del hedor a basura quemada de Lilongüe, disfrutábamos del arroz con verduras y pollo que acompañábamos con una botella de merlot.

Cuando todos duermen la reserva asusta. Es reconfortante escuchar el zumbido de algún mosquito intentando colarse en la red que cubre la cama o incluso el cantar de los grillos. El resto de sonidos y ecos son agitadores del miedo.

Riachuelo Makata. Reserva Forestal de Dzalanyama

En las mañanas, los bosques colmados de brachystegia muestran su color más anaranjado en la temporada seca.  Un paseo por la reserva bien andando bien en bicicleta de montaña, es una actividad para poder disfrutar del paisaje, de la tranquilidad y del aire fresco.

Es sábado y los niños hace del río su patio de recreo. Cantan, chapucean y nos miran asombrados. Paseamos por su “territorio” y de nuevo el grito de wazungu, el plural en chichewa para definir a las personas blancas. Ya habíamos experimentado esa sensación de ser saludados con una sonrisa inocente y amplia. En nuestro trayecto hacia el hospedaje los más jóvenes dejaban lo que fuera para venir a correr paralelamente al coche. Agitaban sus manos y nos daban la bienvenida mientras otros más descarados amargaban el recibimiento con su gimme money.

En nuestros paseos matutinos pudimos contemplar cómo entre los árboles, los arbustos y las extensiones de hierba se intercalaban negras, desoladas y tristes quemadas partes del bosque. “La razón es la carne”, dijo Lucius, nuestro anfitirón y cuidador del hospedaje. Los lugareños, hambrientos, atentan contra la ley haciendo arder distintas zonas del bosque para que tanto antílopes como liebres acudan a las partes verdes acotando así la zona de caza.

Entre el paraje quemado se oía el golpe seco de un hacha que caía con parsimonia sobre un tronco caído en el suelo. El leñador encorvaba su negro y musculoso torso con cada hachazo. Alzaba su cuerpo para tomar fuerza y lo dejaba caer para lograr un golpe seguro. Su bicicleta, apoyada en un árbol, daba cuenta del duro retorno  a casa que le esperaba.

Dzalanyama Forest Lodge

Dzalanyama es un buen lugar para el avistamiento de distintas especies de pájaros. En los dambos, áreas arbustivas inundadas durante la temporada de lluvias, se pueden observar una amplia variedad de pájaros si se visitan en la mañana temprano. Además existe una caminata de tres días de duración que permite adentrarse en esta reserva que hace frontera con Mozambique.

El pequeño hospedaje en el norte de la reserva es el mejor sitio para aislarse. No existe otro lugar donde alojarse en toda la zona. Sentarse en uno de los sillones del porche a leer, a conversar o a echar una siesta tras el almuerzo. Es una invitación a zambullirse en el mundo de los pensamientos sin nada en lo que pensar. La vista clavada y perdida más allá de los árboles se sobresalta con la llegada de alguna mosca inoportuna que aborta el estado de calma.

Escribí mi nombre en el libro de visitas. El primer huésped que aparecía registrado llegó en 1986 cuando yo todavía ni había nacido. Los comentarios desde ese tiempo describen el lugar como un desolado paraje para descansar. Con sus cuatro habitaciones, baño, ducha, salón comedor y cocina parece que muchas mejoras se había realizado desde el año de su apertura. Ahora la casa está concesionada a la compañía Land and Lake Safaris que ganó la licencia para administrarla en 1999.

En el año 1992 los problemas del sistema de agua y el mal funcionamiento de un frigorífico eran los principales problemas junto con el mal estado de la carretera y los accesos.  Los dos primeros se han solucionado, el tercero esperemos que no se resuelva.

Lugareños cargando madera en sus bicicletas / M. Krohn


Ruptura diplomática entre Malawi y Tanzania

Malawi ha suspendido las negociaciones con Tanzania debido a las últimas actuaciones del gobierno de tanzano Jakaya Kikwete con respecto a los límites fronterizos del lago Malawi o Nyassa.

La administración de Joyce Banda, presidenta de Malawi, no tiene intención de ceder frente a las demandas de Dar es Salaam e invita a Tanzania a solucionar el conflicto en la Corte Internacional Judicial.

Para profundizar en la ruptura diplomática de ambos países puedes leer la información publicada en Periodismo de Viajes

Saludo entre los líderes de Tanzania y Malawi. Kikwete y Banda respectivamente.                      ©The Maravi Post


Ndili bwino

Amanecer en Lilongwe

4:30 am.
Las mezquitas anuncian el amanecer.
Cantos desgarrados me sobresaltan de la cama.
Los perros compiten con el atronador sonido
y comienza a clarear el día.
Toca rezo por una nueva jornada.

El sol se despierta. Rojo, naranja.
El sol se enfurece antes del mediodía.
Calor implacable. Corazón caliente de África.

Mis pies limpios salen de la cama.

Paseo por Sir Glyn Jones Road.
Saludos y bocas abiertas.
Dentaduras blancas,
color de piel contrastado.

El aire se ensucia tras el paso del camión.
El paperboy vende a K230 The Nation.
Una alarma se dispara.
La araña se esconde tras la escoba
y un pájaro canta.
La mosca, gigante y tonta,
se da cabezazos
contra la ventana cerrada.
El lagarto descansa encaramado a un árbol
y las pelusas se apoderan de la sala.

Mis pies rojos caminan al mercado.

Hay niños que piden unas monedas.
Ciegos mendigando en los semáforos
y mujeres que cargan sus niños a la espalda.
Unas jóvenes venden recargas telefónicas
sentadas en sus rojas sillas de plástico.
Muchachos en la parte trasera de una camioneta
mientras otros lavan en el río la ropa robada.
Un jardinero deja correr el agua.

Miro al otro lado al cruzar la calle.
Los automóviles conducen por la izquierda
y en la gasolinera se les acabó el combustible.

Mis pies cubiertos de tierra
Vuelven a casa.

Los extranjeros viven tranquilos.
Casas amuebladas y sistemas de seguridad.
Los extranjeros son bien recibidos.
Tienen otras prioridades
y se reúnen a jugar al voleyball
o a tomar cervezas en un white bar.

En la mañana hubo un corte de luz
y no sabemos si en la tarde tendremos agua.
Internet de muy pocos megas. Se leen más libros.
Se hace más el amor.

Las jacarandas son más moradas con el atardecer.
Bebo vino en mi balcón y leo Un sueño de África.
Anochece. Los mosquitos preparan su buffet
y las polillas duermen alrededor de las bombillas.
Recluido en el interior de mi mosquitera de cuatro lados
desnudo duermo. Las ventanas abiertas.

9:30pm.
Mis pies negros se van a la cama