Archivo mensual: noviembre 2012

Hoy te invito a carretear

Los canallas siempre se esconden en la noche. “Con tinto señor, con tinto” repite al mesero para que no se le olvide a lo que vino. Escucha con la mirada perdida mientras se alisa la barba amarillenta por el tabaco y tras la retahíla de su interlocutor maldice al sistema político y económico del país.  Cuando el sol despunta paga la cuenta y se abriga. Compra El Mercurio para la ficción de cada día y desayuna una hallulla de palta y pavo mientras va camino a casa.

Atrás quedaron los tiempos de dictadura y toque de queda. Cuando los hombres eran fantasmas escondidos entre la espesa nebulosa de humo de los locales en contra de la ley. El Rincón de los Canallas fue uno de ellos y todavía hoy se pueden ver los mensajes subversivos en sus paredes y en sus mesas.  Don Víctor Painemal Ramírez, canalla número uno,  continúa regentando el bar donde las prietas, el pernil, las longanizas o el costillar forman parte de un menú con nombres tan agitadores como guerrillero, atentado o terrorista.

A pocas cuadras de la Estación Central se encuentra El Hoyo, una de las picás más familiares de Santiago que ha sabido exprimir su historia para convertirse en la casa de muchos santiaguinos. Sin embargo, sus precios bailan en el alambre de lo que caracteriza a una picá aunque nadie se muere por una lengua en el hoyo.

José Miguel Mendoza en su negocio, El Quitapenas

Junto al cementerio municipal, José Miguel Mendoza moja pan amasado en el cuenco de ají. Se sienta con los habituales y sirve a cualquiera, como las prostitutas. En su negocio del 1485 de la avenida de Recoleta han ido a parar Parra, Vargas Llosa o el actual presidente chileno Sebastián Piñera.

El Quitapenas vive desde 1990 de las desgracias de los demás. El señor Mendoza, actual propietario, sólo lleva 18 al frente de la picá más futbolera de Santiago aunque ya sabe lo que es vivir de la muerte. En este local donde se fraguó la fundación de Colo Colo las paredes fueron el abrigo y el jugo de los que antiguamente formaban los cortejos fúnebres hasta el campo santo.  Para rebajar el pesar, el establecimiento servía terremotos y un delicioso pernil que continúa siendo el plato principal de su carta. Cuando cierra el cementerio, El Quitapenas echa el cerrojazo y hasta el día siguiente si Dios quiere.

A esa misma hora en La Piojera se pasea un payaso que de mesa en mesa ofrece distintos globos de varias formas. Los coloretes de la clientela ya están enrojecidos como queriendo competir con los del mimo que ni bebe. A rebosar de extranjeros y de gente joven que se mezcla con los veteranos del lugar, La Piojera es un mar de pipeño y helado de piña que se derrite en los vasos de plástico. Cuando las mujeres parecen más guapas y los hombres son más repugnantes, el local agota sus últimas empanadas de pino y poco a poco el personal enfila la salida del palacio popular.

Abandonado el popular la borrachera continúa en otro Palacio, el del Terremoto. Tras un paseo por las calles de Santiago, cuando se divisa la Casa Central de la Universidad de Chile ya la boca seca pide fiesta. En la calle San Diego 236 se encuentra Las Tejas, local perteneciente a la familia Lira Durán y donde su sándwich de pernil puede revivir hasta al más dormido. Cobijo para muchas bandas locales, en Las Tejas el ambiente no es tan agresivo para las féminas cansadas de la labia nocturna de los solitarios.

El Hoyo tiene buena chicha, y terremoto, replicas tambien

Fachada de El Hoyo / santiagonostalgico

Tras la dictadura, Chile necesitaba salir a la calle y despertar. Así nacieron las picás, lugares económicos donde sociabilizarse disfrutando de la rica cocina chilena y con un buen trago con el que aclarase la garganta.  Bueno, bonito y barato era lo primigenio de estos locales que auguraban el carrete hasta que el vino se acabase.

Con el tiempo, estos negocios han engrandecido el patrimonio de la ciudad de Santiago de Chile aunque existen casos en los que el concepto de bar de barrio se ha transformado. Su esencia popular se ha resentido al volver la cara al visitante. A pesar del desborde de extranjeros que buscan una experiencia genuina, las picás son una visita obligada y conforman un escaparate para contemplar la nostalgia de la sociedad chilena, una bohemia extinta que busca conversación en la barra de los bares.

Anuncios

Un “copazo” contra la malaria

(CC) Foto: St_A_Sh

Se afirma que una cerveza al día puede prevenir enfermedades cardiovasculares y que  una copa de vino diaria mejora la flora intestinal. Estas saludables prácticas se unen a la lista de bebidas alcohólicas que tienen características beneficiosas para nuestro organismo. Así, en su día el combinado de ginebra y tónica fue toda una “poción mágica” frente al paludismo.

La raíces del gin-tonic llegan hasta la relación de los incas con la naturaleza y su constante adaptación al medio. Su historia se entremezcla con los estudios de unos químicos franceses y con los soldados británicos en la India para llegar hasta los actuales 70€ que se pueden pagar por una cata de 3 horas y media.

Toda la información en Periodismo de viajes


¿Cuánto falta?

Fachada del museo Santa Maria de la Scala, Siena.

La amiga que se olvidó el pasaporte, el tren cogido tres minutos antes de la salida, el vuelo con dos horas de retraso, súmale una hora más de escala, por un problema técnico no podemos…. minutos, horas que demoran el comienzo de un viaje.

Al viajar, como ocurre con todo aquello que queremos, la espera siempre es larga. Desde que se adquieren los billetes los segundos de espera para confirmar el pago se hacen eternos. Tras superar el proceso de compra y su correspondiente confirmación, aguardamos con  tranquilidad hasta la partida. Los días pasan por nosotros que solamente ansiamos coger la maleta y dejar atrás la rutina. La lectura de una guía, los consejos buscados en Internet, la explicación del itinerario a tus amigos son distintas sacudidas de nerviosismo incontenible que nos acercan al todavía lejano destino.

Una vez llegado el día, cuando todo está casi al alcance de la mano, la demora se acrecienta. El enfado es motivo por la imperiosa necesidad de llegar, la irracionalidad se ceba con el estado de ánimo y cualquier espera es dañina física y mentalmente.

Como niños nos preguntamos cuánto falta. Papá no conduce ni mamá está en el asiento delantero para mirarte desafiante con esa cara de no preguntes más, pesao. Estás solo o con algún compañero de viaje comprobando que tu reloj funciona pero que no llegas. Leemos algún libro que nos aburre a los veinte minutos, nos experimentamos ser contorsionistas para acomodarnos al asiento y realizamos cualquier extraña cábala para matar el tiempo. Jugamos a quedarnos dormidos para que al despertar mágicamente queden diez minutos para conseguir nuestro objetivo.

Con la emoción apretando nuestro cuerpo se llega a destino. Paradójicamente un malévolo pensamiento hace que contemos cuánto nos queda para volver a casa. A partir de ahí y con el amargor del regreso, todo se acelera y apenas apreciamos a qué velocidad hacemos esto o aquello. El tiempo se dispara y por la noche parece que le pedimos tranquilidad al reloj.

La estancia se acorta a pesar de que los días continúan con 24 horas y cada hora con 60 minutos. El tic tac vuela aunque nos hace algún guiño amenazado por la advertencia nocturna que se materializa en una panorámica, en un plato típico en un restaurante o en el estudio de las abuelitas que van cargadas con la compra. Incluso la desesperación vuelve a saludarnos en las enormes filas para entrar a algún atractivo deseado pero se esfumará de inmediato.

En el viaje, el tiempo juega con nosotros. Estamos a su merced, esclavos de su ritmo cansino, de su ritmo atropellado. El tiempo se esfuma y se ralentiza, se alarga y se pasa volando.  De vuelta a casa ya planeamos la siguiente aventura, el próximo capítulo de nuestro cuaderno de viajes pero aún nos queda por delante una larga espera.


La paradoja de viajar solo

Viajar por necesidad de descubrir, de abarcar el mundo como queriendo abrazarlo. Sin pestañear para retener toda la información. Un viaje por diversión, para relajarse o para olvidar la rutina. Un viaje por trabajo o de aventura. Muchos tipos de viajes y uno que enamora y duele a la vez.

Viajar solo es viajar sin explicaciones, haciendo y deshaciendo a la manera de uno. Entretenido y apasionante, siguiendo el instinto propio, remendando fallos y sonriendo ante los aciertos. Viajar solo provee lecturas en los trenes y autobuses y miles de horas para pensar. Es estar callado y hablar consigo mismo. Es lanzarse a improvisar con el riesgo asumido e inhalar la curiosidad incontenida.

Apartado de todos, este viaje es un proceso que hay que cumplir. Aún con el mejor compañero de viajes, siempre hay un momento en el que es necesario decir no y tomar un billete hacia donde te lleve la corriente. Unos días, unas semanas, unos meses pero solo. Sólo viendo y viviendo, enfrentándose al miedo de estar con nosotros mismos.

Panorámica del Valle de la Luna. Desierto de Atacama, Chile

Las personas encontradas en el camino admiran la disposición de este tipo de viajero. Compañeros de excursión que detallan su vida en lo que dura una cerveza. Fotografías de todo menos de ti. Amistades esporádicas cómplices de la soledad escondida en las conversaciones. Camioneros que paran en el arcén ante el pulgar levantado y recomiendan el mejor antro del pueblo.

Viajar solo curte el alma. Esta, sobrepasada por la vibración de la aventura, se ve empujada hacia la nostalgia de una cena con la familia o los amigos y una ducha caliente.  Quiere por un instante volver a casa y dejar atrás todo. Se olvida del motivo que la llevó ahí. El viajero se siente vivo para descubrir una muerte diaria, pequeña y que sólo dura unos minutos.  El viaje puede llegar a doler cuando no hay nadie con quien compartir lo vivido. Las hojas del cuaderno no son suficientes para grabar los momentos y que no se olviden. Caminar rumbo al hostal donde espera el bocadillo del día anterior. Un pan lacio y una locha de queso derretida.

El alma se duerme en el duro colchón para afrontar el día siguiente. Lista para disfrutar de cada momento. Ya queda menos para regresar a la vida diaria cuando el alma, conocedora de la madurez adquirida, volverá a demandar la soledad del viaje.


La moratoria es el primer paso

Orgullo '09 - Bandera al Aire

Bandera gay /Alejandro Slocker

Cuando se cumplen siete años de la aprobación el matrimonio gay en España, Malawi da un paso más hacia la consolidación de los Derechos Humanos suspendiendo momentáneamente las leyes que criminalizan las prácticas homosexuales.

A la espera de conocer la decisión del Tribunal Constitucional acerca del recurso presentado en 2005 por el Partido Popular, en Malawi, lejos de una legislación parecida a la española, se asientan las bases para que las personas del mismo sexo no tengan que continuar escondidas. Según las arcaicas secciones 153 y 156 del Código Penal de Malawi, toda acción en “contra del orden de la naturaleza” constituye un delito que puede acarrear entre cinco y catorce años de cárcel. Además, la legislación malawí viola el derecho a la intimidad al condenar cualquier “acto flagrante de indecencia“ de un hombre con otro hombre tanto en público como en privado.

Con esta provisoria medida la administración de Joyce Banda ha trasladado el debate a la calle y el ministro de Justicia, Ralph Kasambara, ha declarado que el arresto de personas basadas en posibles leyes anticonstitucionales avergonzaría al gobierno.

Los países donantes y distintas organizaciones como Amnistía Internacional califican esta suspensión como un “paso histórico” hacia el cumplimiento de los Derechos Humanos aunque no se confían y apuestan por una derogación permanente. Estas mismas instituciones fueron “mandadas al infierno” cuando presionaron al difunto presidente Mutharika para acabar con el represivo sistema que su gobierno estaba llevando a cabo contra las personas gais.

En España parece oficioso que los matrimonios homosexuales serán constitucionales pero el pueblo malawí es fiel a sus conservadoras y arraigadas creencias por lo que el debate parece contemplar una ardua lucha social. A pesar de todos los titulares que se hacen eco de la noticia, hay que prestar atención al matiz temporal de esta medida; el gobierno de Banda ha suspendido sólo de manera provisoria el arresto o persecución de personas homosexuales. Hay que estar pendiente a lo que el Parlamento decida respecto a esta moratoria sin lanzar las campanas al vuelo.


Nueva edición del FICMA

Logo del FICMA

Barcelona acoge desde hoy y hasta el próximo domingo la decimonovena edición del Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente (FICMA). Este festival, pionero en su género, lleva desde 1993 intentando educar y sensibilizar a través de lo audiovisual la importancia del cuidado de nuestro medio ambiente.

La inauguración se llevará a cabo esta tarde en los Cines Girona y Harmony, protagonizada por el Príncipe de Gales, será la encargada de dar el pistoletazo de salida en esta edición.

Para mayor información, se puede leer el post Hoy comienza la 19ª edición del FICMA en Periodismo de Viajes.


Cíclidos, pescadores y viajeros

El calor era casi insoportable en mi primera noche en Cape Maclear. Acampado en Chembe Eagle´s Nest, a un par de kilómetros del centro del pueblo, encontré un lugar tranquilo donde escuchar el sonido de las olas cuando la actividad continúa en el resto de alojamientos. La tienda de campaña era un horno y en la duermevela me incorporaba a mirar de rodillas por la pequeña ventana e intentar tomar aire. En la sombra, las islas de West Thumbi y Domwe eran como leopardos agazapados esperando asaltar a su presa a la luz de la luna que según avanza la noche se convierte en un rescoldo rojo y ardiente antes de apagarse hasta el próximo día. En el horizonte varios puntos de luz salpicados me indicaban el punto de faena de los pescadores que salieron al anochecer.

Atardecer en Chembe

En Cape Maclear o Chembe, el lago Malawi es una magnitud oscura en la noche que durante el día muestra su cara más amable encarnada en un azul claro con parches turquesas. El contraste entre el día y la noche me recordó mi visita al Valle de la Luna y desde entonces el lago, al igual que el desierto, figuran en el límite entre las cosas que respeto y temo.

El viento iba a arrancar las picas que sostenían mi tienda pegada al suelo. Súbitamente el calor se esfumó dando paso a un reguero de silbidos, rachas de viento y crujir de ramas cuando clareaba el día. Un mono vervet cruzó delante mía en busca de algún trozo de comida que llevarse a la boca. Tras revolver en la basura, su empresa quedó frustrada y trepó velozmente a un árbol.

La mañana era fresca aunque pareciera que los cambios de temperatura surgen sin más. Sin previo aviso. Tras el desayuno el calor calentaba las enormes rocas situadas en la base de la colina que protege al lodge en su parte noreste y se hacía casi insoportable cuando todavía no eran las 10 de la mañana. El velero Mama Afrika se balanceaba con el suave oleaje que va a colisionar en la playa formada por pequeñas e incómodas piedras que se cuelan entre los dedos de los pies dificultando el andar. Dos sillas reclinables sujetaban las toallas y el olor a pescado fresco llegaba con la brisa.

Chembe es un pueblo dedicado al lago. En este municipio de pescadores el turismo siempre ha jugado un papel importante para el desarrollo local aunque la principal actividad es la pesca. En los ochenta, esta pequeña población fue el punto de encuentro hippie para todos aquellos mochileros que se acercaban a Malawi realizando el camino entre Nairobi y las cataratas Victoria en la frontera de Zambia y Zimbabue. En los noventa, la fiesta se trasladó al norte, a Nkata Bay, pero este enclave continúa siendo uno de los puntos más atractivos del lago, manteniendo su idiosincrasia, sin someterse al voraz ataque del turismo masivo.

Manojos de usipa secados al sol

La pesca se hace rudimentariamente. Pocos son los botes con motores y muchos cuentan con unas redes agujereadas y remendadas cada día y alguna linterna o lámpara de gas que alumbre lo suficiente para realizar la tarea. Durante el día, sólo es suficiente un carrete para recoger el sedal, un anzuelo, un remo y una canoa en la que zarpar. La zona pesquera de Chembe es un hervidero en las mañanas cuando llega el pescado pero aún lo es más en la tarde. Cuando los niños dejan el colegio, el embarcadero se convierte en una zona recreativa, un club social donde pasarlo bien y anhelar ser mayores para echarse al lago como los padres o los hermanos.

La costa de Cape Maclear reluce. El pescado se pone a secar sobre unas mallas verdes sujetas con unos palos de madera. A algo más de un metro de alto estas redes forman un ejército de paneles solares plateados, resplandecientes. Los manojos de usipa, parecidos a los boquerones, se pueden encontrar en la mayoría de mercados del país y se sirven acompañados con arroz y una sopa de tomate con verduras. Los utaka, pescados de mayor tamaños, también forman parte de esta tropa de soldados que se dejan secar para posteriormente formar espetos con ellos.

En mi paseo por la zona pesquera conocí a Green quien me había abierto la puerta de acceso a mi llegada a Eagle´s Nest un par de días antes. Acordamos un almuerzo en la playa  por un módico precio. Una barbacoa de pescado que finalmente tuvo lugar en el porche de su casa debido al fuerte viento que soplaba ese día. Había decido comer kampango, del cual me había atiborrado en mis anteriores comidas, pero resultó que el pescado que degustamos fue chambo, plato esencial de las localidades del lago, a la parilla y servido en platos de latón con arroz y una sopa de verduras. De postre tuvimos mangos y plátanos. Comimos mientras Green y su amigo Tupac nos hablaban de sus vidas. Yo me perdía imaginando lo que nos contaban y dejé de escuchar pensando en lo bello que era el flamboyán que tenía delante. Regresé a la conversación para escuchar sobre otro árbol, el wedding tree, que debe su nombre a la tradición de entregar a las jóvenes una flor de este árbol en el momento de proponer matrimonio.

Isla de West Thumbi, paraje ideal para practicar buceo

Cape Maclear es un gran parque acuático donde se puede disfrutar de actividades como kayak, buceo o submarinismo dentro del Parque Nacional del Lago Malawi declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1984. Bucear en el lago es como estar en un acuario. En los alrededores de la isla de Thumbi, donde los viajeros se tiran a broncearse en las gigantes rocas como los lagartos, los cíclicos, en su mayoría azules muestran las distintas tonalidades de este color. Metálicos, celestes y oscuros que se entremezclan con otros de color plateado y amarillos o simplemente negros.  Se conocen hasta 300 especies de peces en el lago donde la más común es el mbuna que se alimenta de algas y mantienen los huevos y los alevines en la boca hasta que pueden velarse por sí mismos. Sociales, estos peces forman una turbina hacia toda aquella persona que se zambulla con un trozo de pan. Mordisquean los dedos intentando hacerse con alguna migaja.

Una vez sumergidos en las aguas del lago, se puede apreciar la inmensidad que se extiende cuando ya no se hace pie. Un turquesa potente que se extiende hasta donde la vista puede alcanzar y conlleva un enorme  sentimiento de pequeñez.

Anochece en Chembe, la segunda población más grande de la península de Nankumba mientras termino mi Kuche kuche, la mejor cerveza que he probado en el país y cuyo nombre se traduce como “durante toda la noche”. Las mujeres friegan los cacharros y los pulen con la arena hasta dejarlos impecables. Otras lavan la ropa y cuidan de sus niños que juegan antes de irse a la cama. El sol cae en cuestión de pocos minutos y se esconde tras las colinas de la isla de Thumbi. Deja una gasa violácea y rosácea con tintes azulados. Las salamanquesas se reúnen alrededor de las lámparas. Amarillas y negras, anaranjadas y de cola azul eléctrico hacen suyo el lodge mientras los pescadores inician el proceso de un nuevo día de trabajo con la única mirada de la luna.

Guía turístico contempla el anochecer / M. Krohn