Cíclidos, pescadores y viajeros

El calor era casi insoportable en mi primera noche en Cape Maclear. Acampado en Chembe Eagle´s Nest, a un par de kilómetros del centro del pueblo, encontré un lugar tranquilo donde escuchar el sonido de las olas cuando la actividad continúa en el resto de alojamientos. La tienda de campaña era un horno y en la duermevela me incorporaba a mirar de rodillas por la pequeña ventana e intentar tomar aire. En la sombra, las islas de West Thumbi y Domwe eran como leopardos agazapados esperando asaltar a su presa a la luz de la luna que según avanza la noche se convierte en un rescoldo rojo y ardiente antes de apagarse hasta el próximo día. En el horizonte varios puntos de luz salpicados me indicaban el punto de faena de los pescadores que salieron al anochecer.

Atardecer en Chembe

En Cape Maclear o Chembe, el lago Malawi es una magnitud oscura en la noche que durante el día muestra su cara más amable encarnada en un azul claro con parches turquesas. El contraste entre el día y la noche me recordó mi visita al Valle de la Luna y desde entonces el lago, al igual que el desierto, figuran en el límite entre las cosas que respeto y temo.

El viento iba a arrancar las picas que sostenían mi tienda pegada al suelo. Súbitamente el calor se esfumó dando paso a un reguero de silbidos, rachas de viento y crujir de ramas cuando clareaba el día. Un mono vervet cruzó delante mía en busca de algún trozo de comida que llevarse a la boca. Tras revolver en la basura, su empresa quedó frustrada y trepó velozmente a un árbol.

La mañana era fresca aunque pareciera que los cambios de temperatura surgen sin más. Sin previo aviso. Tras el desayuno el calor calentaba las enormes rocas situadas en la base de la colina que protege al lodge en su parte noreste y se hacía casi insoportable cuando todavía no eran las 10 de la mañana. El velero Mama Afrika se balanceaba con el suave oleaje que va a colisionar en la playa formada por pequeñas e incómodas piedras que se cuelan entre los dedos de los pies dificultando el andar. Dos sillas reclinables sujetaban las toallas y el olor a pescado fresco llegaba con la brisa.

Chembe es un pueblo dedicado al lago. En este municipio de pescadores el turismo siempre ha jugado un papel importante para el desarrollo local aunque la principal actividad es la pesca. En los ochenta, esta pequeña población fue el punto de encuentro hippie para todos aquellos mochileros que se acercaban a Malawi realizando el camino entre Nairobi y las cataratas Victoria en la frontera de Zambia y Zimbabue. En los noventa, la fiesta se trasladó al norte, a Nkata Bay, pero este enclave continúa siendo uno de los puntos más atractivos del lago, manteniendo su idiosincrasia, sin someterse al voraz ataque del turismo masivo.

Manojos de usipa secados al sol

La pesca se hace rudimentariamente. Pocos son los botes con motores y muchos cuentan con unas redes agujereadas y remendadas cada día y alguna linterna o lámpara de gas que alumbre lo suficiente para realizar la tarea. Durante el día, sólo es suficiente un carrete para recoger el sedal, un anzuelo, un remo y una canoa en la que zarpar. La zona pesquera de Chembe es un hervidero en las mañanas cuando llega el pescado pero aún lo es más en la tarde. Cuando los niños dejan el colegio, el embarcadero se convierte en una zona recreativa, un club social donde pasarlo bien y anhelar ser mayores para echarse al lago como los padres o los hermanos.

La costa de Cape Maclear reluce. El pescado se pone a secar sobre unas mallas verdes sujetas con unos palos de madera. A algo más de un metro de alto estas redes forman un ejército de paneles solares plateados, resplandecientes. Los manojos de usipa, parecidos a los boquerones, se pueden encontrar en la mayoría de mercados del país y se sirven acompañados con arroz y una sopa de tomate con verduras. Los utaka, pescados de mayor tamaños, también forman parte de esta tropa de soldados que se dejan secar para posteriormente formar espetos con ellos.

En mi paseo por la zona pesquera conocí a Green quien me había abierto la puerta de acceso a mi llegada a Eagle´s Nest un par de días antes. Acordamos un almuerzo en la playa  por un módico precio. Una barbacoa de pescado que finalmente tuvo lugar en el porche de su casa debido al fuerte viento que soplaba ese día. Había decido comer kampango, del cual me había atiborrado en mis anteriores comidas, pero resultó que el pescado que degustamos fue chambo, plato esencial de las localidades del lago, a la parilla y servido en platos de latón con arroz y una sopa de verduras. De postre tuvimos mangos y plátanos. Comimos mientras Green y su amigo Tupac nos hablaban de sus vidas. Yo me perdía imaginando lo que nos contaban y dejé de escuchar pensando en lo bello que era el flamboyán que tenía delante. Regresé a la conversación para escuchar sobre otro árbol, el wedding tree, que debe su nombre a la tradición de entregar a las jóvenes una flor de este árbol en el momento de proponer matrimonio.

Isla de West Thumbi, paraje ideal para practicar buceo

Cape Maclear es un gran parque acuático donde se puede disfrutar de actividades como kayak, buceo o submarinismo dentro del Parque Nacional del Lago Malawi declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1984. Bucear en el lago es como estar en un acuario. En los alrededores de la isla de Thumbi, donde los viajeros se tiran a broncearse en las gigantes rocas como los lagartos, los cíclicos, en su mayoría azules muestran las distintas tonalidades de este color. Metálicos, celestes y oscuros que se entremezclan con otros de color plateado y amarillos o simplemente negros.  Se conocen hasta 300 especies de peces en el lago donde la más común es el mbuna que se alimenta de algas y mantienen los huevos y los alevines en la boca hasta que pueden velarse por sí mismos. Sociales, estos peces forman una turbina hacia toda aquella persona que se zambulla con un trozo de pan. Mordisquean los dedos intentando hacerse con alguna migaja.

Una vez sumergidos en las aguas del lago, se puede apreciar la inmensidad que se extiende cuando ya no se hace pie. Un turquesa potente que se extiende hasta donde la vista puede alcanzar y conlleva un enorme  sentimiento de pequeñez.

Anochece en Chembe, la segunda población más grande de la península de Nankumba mientras termino mi Kuche kuche, la mejor cerveza que he probado en el país y cuyo nombre se traduce como “durante toda la noche”. Las mujeres friegan los cacharros y los pulen con la arena hasta dejarlos impecables. Otras lavan la ropa y cuidan de sus niños que juegan antes de irse a la cama. El sol cae en cuestión de pocos minutos y se esconde tras las colinas de la isla de Thumbi. Deja una gasa violácea y rosácea con tintes azulados. Las salamanquesas se reúnen alrededor de las lámparas. Amarillas y negras, anaranjadas y de cola azul eléctrico hacen suyo el lodge mientras los pescadores inician el proceso de un nuevo día de trabajo con la única mirada de la luna.

Guía turístico contempla el anochecer / M. Krohn

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