La paradoja de viajar solo

Viajar por necesidad de descubrir, de abarcar el mundo como queriendo abrazarlo. Sin pestañear para retener toda la información. Un viaje por diversión, para relajarse o para olvidar la rutina. Un viaje por trabajo o de aventura. Muchos tipos de viajes y uno que enamora y duele a la vez.

Viajar solo es viajar sin explicaciones, haciendo y deshaciendo a la manera de uno. Entretenido y apasionante, siguiendo el instinto propio, remendando fallos y sonriendo ante los aciertos. Viajar solo provee lecturas en los trenes y autobuses y miles de horas para pensar. Es estar callado y hablar consigo mismo. Es lanzarse a improvisar con el riesgo asumido e inhalar la curiosidad incontenida.

Apartado de todos, este viaje es un proceso que hay que cumplir. Aún con el mejor compañero de viajes, siempre hay un momento en el que es necesario decir no y tomar un billete hacia donde te lleve la corriente. Unos días, unas semanas, unos meses pero solo. Sólo viendo y viviendo, enfrentándose al miedo de estar con nosotros mismos.

Panorámica del Valle de la Luna. Desierto de Atacama, Chile

Las personas encontradas en el camino admiran la disposición de este tipo de viajero. Compañeros de excursión que detallan su vida en lo que dura una cerveza. Fotografías de todo menos de ti. Amistades esporádicas cómplices de la soledad escondida en las conversaciones. Camioneros que paran en el arcén ante el pulgar levantado y recomiendan el mejor antro del pueblo.

Viajar solo curte el alma. Esta, sobrepasada por la vibración de la aventura, se ve empujada hacia la nostalgia de una cena con la familia o los amigos y una ducha caliente.  Quiere por un instante volver a casa y dejar atrás todo. Se olvida del motivo que la llevó ahí. El viajero se siente vivo para descubrir una muerte diaria, pequeña y que sólo dura unos minutos.  El viaje puede llegar a doler cuando no hay nadie con quien compartir lo vivido. Las hojas del cuaderno no son suficientes para grabar los momentos y que no se olviden. Caminar rumbo al hostal donde espera el bocadillo del día anterior. Un pan lacio y una locha de queso derretida.

El alma se duerme en el duro colchón para afrontar el día siguiente. Lista para disfrutar de cada momento. Ya queda menos para regresar a la vida diaria cuando el alma, conocedora de la madurez adquirida, volverá a demandar la soledad del viaje.

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One response to “La paradoja de viajar solo

  • santiago

    Totalmente de acuerdo, yo siempre recomendaría a casi todo el mundo (no todos estamos preparados para viajar solo) a hacer un viaje de esta manera, pero si lo que quieres es tener parte de los beneficios de viajar solo y además hacerlo con el apoyo de un grupo que viaja en estas mismas condiciones os recomiendo http://www.yporquenosolo.com. Donde todos están obligados a viajar solos.
    Un saludo.

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