Archivo mensual: diciembre 2012

Viaje navideño

A veces ser periodista de viajes e irse de vacaciones parece ser incompatible. Mañana a bordo de mi viejo Toyota Corolla me voy al norte de Malawi, concretamente a Nkhata Bay. Voy a descansar a orillas del lago en mitad de la temporada de lluvias y con mucho calor. Me esperan tormentas de relámpagos, paseos en canoa y unas gafas y aletas para el buceo. Estoy deseando de volver a devorar unos filetes de kampango acompañados de una Kuche Kuche (cerveza local) muy fría.

Pasaré allí unos días antes de inventarme una manera de llegar a Zulukhuni River Lodge, un hostal paradisiaco cerca de Ruarwe. Todavía no sé cómo llegaré a este lugar. Está casi incomunicado y me servirá para intentar estar de vacaciones.  No hay electricidad y el uso de cualquier dispositivo electrónico es imposible. Vienen conmigo El arte de viajar de Alain de Botton y El Sueño de África de Javier Reverte. A pesar de la desconexión no puedo evitar llevar el cuaderno de viajes y mi cámara fotográfica.

Feliz Navidad y todo eso.

Nos leemos a la vuelta, en enero.


En latitas de conserva

Cajas de conserva Minor / Conserveira de Lisboa

Latas de conserva Minor / Conserveira de Lisboa

“Un kilo de arroz, tres latas de tomate, un botellita de vino, el dulce de membrillo, un kilo de manzanas y cuatro chulonas”. Ricardo con su bata blanca y sus gafas, que se resbalan sobre su nariz, hace las cuentas con su boli bic de los productos que Gracita se lleva.

Los comercios antiguos, esos de papel de estraza y bocadillo de mortadela con aceitunas, ven pasar ante sus ojos los cambios de la ciudad. Las grandes superficies, los Mercadonas y los Carrefoures, ganan la partida a los ultramarinos como consecuencia de una evolución socioeconómica que arrasa con todo en busca de superdescuentos y chiquiprecios.

En cada pueblo, en cada ciudad existen estos tipos de comercio que sobreviven como pueden y cuyos dueños abren cada día para no quedarse en casa sin hacer nada. Los románticos tras los mostradores hacen números para levantar la persiana metálica sin tener que cobrar las cuentas olvidadas del que fía.

En Lisboa hay un negocio con mucha historia que mantiene su local casi intacto desde 1930 y ha luchado para conservarse. Como metido en aceite, La Conserveira de Lisboa, en el barrio de la Baixa, es una pequeña empresa dedicada desde entonces a la venta de pescado en conserva capturado en aguas portuguesas.  Se adaptó a los tiempos manteniendo su filosofía y aparte de una pantalla de  ordenador sobre la pieza de mármol que corona el mostrador, el resto del local parece haberse quedado anclado en la Lisboa de Pessoa. El suelo es un mosaico de pequeños adoquines claros que contrastan con el marrón oscuro de la barra y las estanterías de madera repletas de latas bien ordenadas y cuyos envoltorios forman un arcoíris que ilumina la rústica ornamentación.

En la Conserveira de Lisboa se ofrece atún, caballa, bacalao, anchoas, mejillones, calamares, huevas, pulpo y un recital de sardinas cuyo acompañamiento va desde el clásico aceite de oliva hasta la salsa de tomate pasando por el curry, pepinillos en vinagre, limón o ajo.  Las  especialidades se dividen en tres marcas registradas bajo la propia conservera, Tricana, Minor y Prata do Mar.

conserveira de lisboa

Estanterías repletas de latas de conservas / Zé Pedro

El servicio es encantador y todos los pedidos se enrollan en un papel color marrón claro o blanco y se cierran cuidadosamente con celo. El paquete se remata con un cordel de color amarillo y una tarjeta del negocio.

La familia Ferreira y Luis Dias Vieira tienen sus corazones en latitas de conserva desde hace más de 80 años. En la Rua dos Bacalhoeiros número 34, Lisboa se vuelve nostálgica y recompensa el trabajo de todos aquellos ultramarinos que sólo se ven en fotos en blanco y negro y que las ciudades borraron no hace mucho tiempo.


La Boulangerie de París en Aguas Calientes

Aguas Calientes es un hervidero turístico. Miles de visitantes pernoctan o pasean por este pueblo dormitorio antes de ascender cada mañana a Machu Picchu. Entre el mercado de artesanías, los innumerables bares de comida peruana, el mercado, la bulliciosa estación de tren, existe un lugar donde huele a café a pan recién hecho, calentito. Este lugar es La Boulangerie de Paris.

Era sábado, 4 de agosto, y estaba exhausto. Conmovido por la emoción de haber visitado Machu Picchu descansaba en uno de los sofás del Supertramp, nombre en honor al apodo de Christopher McCandless, joven estadounidense sobre que el que John Krakouer escribió al fabulosa Into the Wild (Hacia rutas salvajes).

Con la soberbia imagen del Huaynapicchu en mi ojos decidí visitar a Gilles Bellier en el que era por entonces el Café de Paris y donde gracias a Angie, encargada del hostal, había tomado el mejor pan de mi estancia en Perú el día anterior.

Mi boca devoraba el pan de chocolate. En una mano mi cuaderno y en la otra el resto de tan delicioso manjar. Un estallido de sabor y esa sonrisa burlona dibujada en la cara de Gilles que movía lentamente su cabeza arriba y abajo reiterando que el bocado era delicioso. “Está muy bueno”, alcancé a decir mientras todavía sentía el fuerte impacto del chocolate despeñándose por mi esófago.

Una de las ricas baguettes  / La Boulangerie de Paris

Una de las ricas baguettes / La Boulangerie de Paris

En una nueva localización, en la calle Jr. Sinchi Roca, La Boulangerie de Paris surte cada día desde las 7 de la mañana a numerosos clientes que ansían un pan casero o un trozo dulce que llevarse a la boca. Mi visita del pasado agosto fue a su obrador, lugar donde tienen lugar las clases de repostería de 6 a 8 de la tarde de lunes a jueves en una de las calles perpendiculares a la empinada y vivaz calle de Pachacutec.

Allí pude observar los entresijos y la maquinaria, 100% peruana exceptuando un armatoste culinario de fabricación italiana, para realizar los distintos productos de origen francés y con toques peruanos. Pan de chocolate, pan de pasas, tartas, muffins y croissants… Las baguettes son perfectas para la maratoniana visita a Machu Picchu e incluso pueden encargarse almuerzos para llevar.

Viajero y pastelero, Gilles ha trabajado alrededor de todo el mundo hasta que se asentó en Perú, concretamente en el corazón del imperio Inca. Es una de esas personas que con poco dice mucho y la vida lo ha curtido. El tsunami de las Maldivas en 2004 le cambió la vida, le asustó y volvió a Perú donde ya había trabajado en el Hotel Monasterio de Cusco. Tras una aventura en el Hotel Libertadores de Aguas Calientes donde ejerció por unos meses como jefe de repostería, abrió su negocio junto con Marco Roland y Christophe Kusiak.

Gilles Bellier, uno de los responsables de La Boulangerie de Paris

Gilles Bellier, uno de los responsables de La Boulangerie de Paris

La Boulangerie de Paris además está comprometida con el pueblo peruano y realiza una labor social de importancia en el Valle Sagrado. Cada día se reparten 250 panes diarios de manera gratuita a comunidades como Quihauyrachina, Collpani, Intihuatana o Huayllabamba. También en su obrador se realizan cursos gratis para las personas del pueblo y para los restaurantes locales con el fin de cambiar la mala fama de los postres peruanos.

Paris junto a Machu Picchu. La habilidad de trasladarse a Francia en un simple bocado. Una visita obligada si se encuentra en Aguas Calientes.


El pescado seco de Lilongwe

En el mercado central de Lilongwe el pescado seco se vende por manojos o puñados, sin básculas y por un precio previamente acordado. Gran parte del pescado en Malawi se seca para poder conservarlo. De esta manera se puede consumir hasta un mes después de ser capturado y contribuye a que la premura de su venta no sea tan urgente.

En el país sudafricano la pesca se realiza de manera artesanal y es una actividad que actúa como catalizador de la economía del país debido a que es una fuente de empleo y a la vez de alimento para la población malawí.

Con este tema sobre la importancia de la actividad pesquera para el tejido económico de Malawi me incorporo al equipo de Viajeros Urbanos de El País. La lectura de la pieza completa en El pescado seco de Lilongüe

Manojo de usipas secados al sol

Manojo de usipas secados al sol