La Boulangerie de París en Aguas Calientes

Aguas Calientes es un hervidero turístico. Miles de visitantes pernoctan o pasean por este pueblo dormitorio antes de ascender cada mañana a Machu Picchu. Entre el mercado de artesanías, los innumerables bares de comida peruana, el mercado, la bulliciosa estación de tren, existe un lugar donde huele a café a pan recién hecho, calentito. Este lugar es La Boulangerie de Paris.

Era sábado, 4 de agosto, y estaba exhausto. Conmovido por la emoción de haber visitado Machu Picchu descansaba en uno de los sofás del Supertramp, nombre en honor al apodo de Christopher McCandless, joven estadounidense sobre que el que John Krakouer escribió al fabulosa Into the Wild (Hacia rutas salvajes).

Con la soberbia imagen del Huaynapicchu en mi ojos decidí visitar a Gilles Bellier en el que era por entonces el Café de Paris y donde gracias a Angie, encargada del hostal, había tomado el mejor pan de mi estancia en Perú el día anterior.

Mi boca devoraba el pan de chocolate. En una mano mi cuaderno y en la otra el resto de tan delicioso manjar. Un estallido de sabor y esa sonrisa burlona dibujada en la cara de Gilles que movía lentamente su cabeza arriba y abajo reiterando que el bocado era delicioso. “Está muy bueno”, alcancé a decir mientras todavía sentía el fuerte impacto del chocolate despeñándose por mi esófago.

Una de las ricas baguettes  / La Boulangerie de Paris

Una de las ricas baguettes / La Boulangerie de Paris

En una nueva localización, en la calle Jr. Sinchi Roca, La Boulangerie de Paris surte cada día desde las 7 de la mañana a numerosos clientes que ansían un pan casero o un trozo dulce que llevarse a la boca. Mi visita del pasado agosto fue a su obrador, lugar donde tienen lugar las clases de repostería de 6 a 8 de la tarde de lunes a jueves en una de las calles perpendiculares a la empinada y vivaz calle de Pachacutec.

Allí pude observar los entresijos y la maquinaria, 100% peruana exceptuando un armatoste culinario de fabricación italiana, para realizar los distintos productos de origen francés y con toques peruanos. Pan de chocolate, pan de pasas, tartas, muffins y croissants… Las baguettes son perfectas para la maratoniana visita a Machu Picchu e incluso pueden encargarse almuerzos para llevar.

Viajero y pastelero, Gilles ha trabajado alrededor de todo el mundo hasta que se asentó en Perú, concretamente en el corazón del imperio Inca. Es una de esas personas que con poco dice mucho y la vida lo ha curtido. El tsunami de las Maldivas en 2004 le cambió la vida, le asustó y volvió a Perú donde ya había trabajado en el Hotel Monasterio de Cusco. Tras una aventura en el Hotel Libertadores de Aguas Calientes donde ejerció por unos meses como jefe de repostería, abrió su negocio junto con Marco Roland y Christophe Kusiak.

Gilles Bellier, uno de los responsables de La Boulangerie de Paris

Gilles Bellier, uno de los responsables de La Boulangerie de Paris

La Boulangerie de Paris además está comprometida con el pueblo peruano y realiza una labor social de importancia en el Valle Sagrado. Cada día se reparten 250 panes diarios de manera gratuita a comunidades como Quihauyrachina, Collpani, Intihuatana o Huayllabamba. También en su obrador se realizan cursos gratis para las personas del pueblo y para los restaurantes locales con el fin de cambiar la mala fama de los postres peruanos.

Paris junto a Machu Picchu. La habilidad de trasladarse a Francia en un simple bocado. Una visita obligada si se encuentra en Aguas Calientes.

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