En latitas de conserva

Cajas de conserva Minor / Conserveira de Lisboa

Latas de conserva Minor / Conserveira de Lisboa

“Un kilo de arroz, tres latas de tomate, un botellita de vino, el dulce de membrillo, un kilo de manzanas y cuatro chulonas”. Ricardo con su bata blanca y sus gafas, que se resbalan sobre su nariz, hace las cuentas con su boli bic de los productos que Gracita se lleva.

Los comercios antiguos, esos de papel de estraza y bocadillo de mortadela con aceitunas, ven pasar ante sus ojos los cambios de la ciudad. Las grandes superficies, los Mercadonas y los Carrefoures, ganan la partida a los ultramarinos como consecuencia de una evolución socioeconómica que arrasa con todo en busca de superdescuentos y chiquiprecios.

En cada pueblo, en cada ciudad existen estos tipos de comercio que sobreviven como pueden y cuyos dueños abren cada día para no quedarse en casa sin hacer nada. Los románticos tras los mostradores hacen números para levantar la persiana metálica sin tener que cobrar las cuentas olvidadas del que fía.

En Lisboa hay un negocio con mucha historia que mantiene su local casi intacto desde 1930 y ha luchado para conservarse. Como metido en aceite, La Conserveira de Lisboa, en el barrio de la Baixa, es una pequeña empresa dedicada desde entonces a la venta de pescado en conserva capturado en aguas portuguesas.  Se adaptó a los tiempos manteniendo su filosofía y aparte de una pantalla de  ordenador sobre la pieza de mármol que corona el mostrador, el resto del local parece haberse quedado anclado en la Lisboa de Pessoa. El suelo es un mosaico de pequeños adoquines claros que contrastan con el marrón oscuro de la barra y las estanterías de madera repletas de latas bien ordenadas y cuyos envoltorios forman un arcoíris que ilumina la rústica ornamentación.

En la Conserveira de Lisboa se ofrece atún, caballa, bacalao, anchoas, mejillones, calamares, huevas, pulpo y un recital de sardinas cuyo acompañamiento va desde el clásico aceite de oliva hasta la salsa de tomate pasando por el curry, pepinillos en vinagre, limón o ajo.  Las  especialidades se dividen en tres marcas registradas bajo la propia conservera, Tricana, Minor y Prata do Mar.

conserveira de lisboa

Estanterías repletas de latas de conservas / Zé Pedro

El servicio es encantador y todos los pedidos se enrollan en un papel color marrón claro o blanco y se cierran cuidadosamente con celo. El paquete se remata con un cordel de color amarillo y una tarjeta del negocio.

La familia Ferreira y Luis Dias Vieira tienen sus corazones en latitas de conserva desde hace más de 80 años. En la Rua dos Bacalhoeiros número 34, Lisboa se vuelve nostálgica y recompensa el trabajo de todos aquellos ultramarinos que sólo se ven en fotos en blanco y negro y que las ciudades borraron no hace mucho tiempo.

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