Archivo mensual: enero 2013

STREET, Flaubert y la estupidez

En el tedio de la mañana de domingo vagaba por la red social del pajarito cuando un amigo publicaba una foto. El tuit era claro: Posiblemente el graffiti más innecesario de la historia del arte. 

El texto que se aprecia en la fotografía es sencillo. Una ese que desliza rápida en las curvas, una ere coja y una última te que parece un champiñón. Las cuatro primeras letras parecen dejar atrás a las dos últimas que se convierten en una isla extraterrestre que intenta alcanzar el halo de luz níveo de las precedentes.

Caligrafía capital y contraste sobre el alquitrán. STREET.

STREET en Av. Domitienne, Montpellier / ©Pablo Maguilla

STREET en Av. Domitienne, Montpellier / ©Pablo Maguilla

Semejante estupidez viene insertada en el ser humano y se dispara cuando viaja. Encontrarse en otro país parece acrecentar la payasada.  Algunos se afanan en afear monumentos con candados de amor mientras otros buscan un espacio para grabar su nombre, desafiar a la muerte y joderme la visita.

Flaubert que huyó a Egipto de la estupidez de la burguesía francesa se encontró con que en todos lados hay tontos. En la correspondencia con su madre hace mención a unas letras grabadas en la columna de Pompeyo, Alejandría. Alain de Botton, un escritor suizo, recoge en su libro El arte de viajar los pensamientos de Flaubert que irritado escribe que “la idiotez es algo inquebrantable. […] Un tal Thompson, de Sunderland, ha escrito su nombre con letras de seis pies de altura. No hay manera de ver la columna sin ver el nombre de Thompson, y por consiguiente sin pensar en Thompson. Ese cretino se ha incorporado al monumento y se perpetúa con él.”

Pocos viandantes pensarán en ese STREET realizado en la Avenida Domitienne de Montpellier, justo en frente de la Cité Universitaire Voie Domitienne. Quizás mi amigo la recuerde cuando rememore su visita a la ciudad francesa. Quizás esa palabra anglosajona que significa calle vendrá a su mente al revivir  la noche en la que tomó la foto a las 5:30 de la mañana. Sin embargo, el pintar por joder, por absurdo y por feo, palabras de mi amigo, fue lo que le llevó a denunciar este acto de estupidez humana.

Por suerte es sólo una calle. Otra más que sucumbe. La ola estúpida se hace expansiva cuando el tonto en cuestión cambia de país y el grabado o la pintada copa los alrededores de los núcleos turísticos. A pesar de que en ocasiones la creatividad anule a la majadería como en la ciudad de Valparaíso, donde los graffitis forman parte de la estética de los cerros, siempre habrá alguna firma con el nombre del idiota.

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Turismo contra cacería deportiva

Hace una semana Lion Aid hizo pública una información en la que se señala el menguante número de leones en África donde en 50 años se ha pasado de 200.000 a 50.000 ejemplares.  Un aviso de la preocupante situación de estos felinos se pudo contemplar en 2001 cuando Botsuana suspendió la caza de leones ante la posibilidad de extinción. El periodo sabático excepcional para los leones sólo se mantuvo hasta 2004 y la medida tuvo que implementarse de nuevo en 2007 hasta día de hoy.

Cazador cazado / Ilustración de Scott Randall

Cazador cazado / Ilustración de Scott Randall

El temible escenario de la fauna africana viene dándose durante muchos años sin que la prensa se haga eco de ello. Sólo se pueden leer algunas noticias cuando distintas organizaciones en defensa de los animales presentan sus informes o cuando un monarca se fractura la cadera y tiene que interrumpir su “experiencia africana”.

La caza deportiva es la principal consecuencia de la reducción de leones en toda África. Gente pudiente que aterriza en una reserva natural para acomodarse en habitaciones de lujo y disfrutar de un safari pegando tiros.  Según publicó el diario El Mundo, la excursión a Botsuana del rey de España podría haber costado “un mínimo de 10.000 euros y a partir de 30.000 si el objetivo era un elefante”. La respuesta a quién pagó ese viaje es otro cuento. 

El caso del rey Juan Carlos no es más que uno de los ejemplos del astronómico precio de estos safaris, un hobbie que pocos pueden permitirse debido a que un elefante, dependiendo del peso, puede costar más de $30.000 mientras que un león sale por unos $29.000. Abatir a un leopardo cuesta unos $7.000 mientras que el precio por un búfalo, una jirafa o una cebra es de $3.744, $3.500 y $1.923 respectivamente.

En esta información facilitada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, y que más bien parece una lista de la compra, no se menciona al rinoceronte blanco, el quinto grande, del cual han desaparecido unos 10.000 ejemplares en 2012.

A pesar de esta pésima situación muchos gobiernos africanos han tomado medidas para preservar la fauna autóctona. El turismo de safari es uno de los vertebradores de la economía de Tanzania, Zambia o Botsuana por lo que reporta más ingresos que el de cacería. Así, las especies valen más vivas que muertas. El turismo ha contribuido a que distintas administraciones cambien sus políticas permisivas con este tipo de prácticas empleando el sentido común que en este caso, y como en muchos otros, sólo es aplicado es en favor de lo estrictamente económico.

Nogatsaa Waterhole / Kim Thompson

Nogatsaa Waterhole / Kim Thompson

Zambia ya ha hecho los deberes y ha prohibido la caza de grandes felinos, leones y leopardos, mientras que Botsuana eliminará toda caza deportiva a principios del año que viene.

Estas legislaciones son un avance para la conservación de la fauna africana aunque seguirán existiendo formas de continuar con el atroz divertimento como ocurrió en Babile. En este lugar de Etiopía se estableció un santuario para el elefante etíope en peligro de extinción. Pero esta área determinada exclusivamente para estos paquidermos era un objetivo fácil para los cazadores furtivos. Otro ejemplo también localizado en Etiopía, esta vez en uno de los mercados de la capital, Addis Abeba, lo vivó el viajero estadounidense Paul Theoroux quien pudo comprobar la facilidad de hacerse con colmillos de elefante. Ante el problema del transporte al país de origen, la vendedora local apela a los diplomáticos cuyas maletas y paquetes en pocas ocasiones son inspeccionados.

Es por ello por lo que ser conscientes de que habrá muchos que mantendrán el negocio subrepticiamente y seguirán jugando a ser Hemingway.


Tsunami turístico, Chiloé

APENAS hay sitios recónditos. Se perdieron ante el conocimiento detallado de los mismos en las revistas y guías de viajes, en los blogs y en los folletos publicitarios. El turismo masivo ha sentado las bases de cómo viajar en la actualidad y todos conocemos las condiciones. Nuestra ilusión por emular a grandes exploradores se cae por la borda y la planificación de una nueva aventura es todo un rompecabezas que intenta evitar el tsunami turístico.

Poco podemos hacer para salvar este boom aunque no hay que ser derrotistas. Hay que saber amoldarse, tomar un avión cuando todos se encuentran en su quehacer cotidiano y tener presente que incluso así, es probable que en aquella remota isla a la que vuelas, haya tres europeos, cuatro americanos y algún japonés. Siempre hay algún japonés.

Fachada de la iglesia de Chonchi

Fachada de la iglesia de Chonchi/ Iglesias de Chiloé

A finales del pasado agosto viajé a la Gran isla de Chiloé en Chile. Era invierno. Apartada de la conciencia de todo turista durante este periodo, no recuerdo haber pasado más frío en mi vida. Pensé que me encontraba en un sitio apartado de los largos tentáculos del turismo pero pronto vi que era un espejismo y que simplemente estaba adaptándome a la temporada baja.

Chiloé se echa a dormir en invierno y en otoño. Ahora mismo, verano austral, está en la cúspide de la ola turística antes de acostarse  tras el mes de mayo e invernar hasta finales de noviembre. Me perdí los pingüinos en Puñihuil, cerca de Ancud, debido a su migración pero tuve todo el Parque Nacional de Chiloé para mí durante la mañana de mi visita. Por momentos tenía sentimientos enfrentados debido a esa extraña sensación de querer ser un aventurero pero con las facilidades del turismo. La tranquilidad se paga. El hecho de encontrarte solo, sin turistas de por medio, conlleva que muchos lugares de interés estén cerrados, infraestructuras en plena construcción e instalaciones que están siendo renovadas para los meses más activos.

Acepté de buena manera los inconvenientes para lanzarme a la conocer las gentes, los pueblos en su actividad invernal, las iglesias Patrimonio de la Humanidad sin recorrido organizado y cansarme de comer curanto.

En el mes de noviembre, la aerolínea chilena LAN, inauguraba el trayecto Santiago-Castro, capital de Chiloé, con parada en Puerto Montt. Esta nueva ruta abre las posibilidades de visitar Chiloé durante todo el año por lo que quizás el letargo de la isla durante los meses de frío podría activarse con el calor turístico. De nuevo sentimientos enfrentados.

Este avance es una posibilidad para el desarrollo económico de la isla aunque conlleva un intenso debate para sus habitantes. Muchos celebran la apertura de esta nueva ruta aérea y se posicionan a favor de la construcción del futuro puente de Chacao que conectará Chiloé con el continente. Otros prefieren que esa inversión se derive a la construcción de hospitales y puestos clínicos en la isla, la mejora de las carreteras y la ubicación de sedes universitarias de calidad.

Panorámica de Achao

Panorámica de Achao

El turismo y la mejora del sector servicios pueden ser guías para el desarrollo de Chiloé aunque también un arma de doble filo. La inversión genera capital y creación de empleo. Bajo estos argumentos puedo entender la construcción del horroroso centro comercial de Castro cuya ubicación en el eje de la ciudad no hace más que provocar una imagen de rechazo conservada en mis retinas. Entiendo todos esos argumentos de la clase política y económica pero todas estas iniciativas pueden convertirse en un lastre.

Hay que conocer cuáles son los costes de esta apertura al turista. Los chilotas tienen que ingeniárselas para preservar su idiosincrasia sin dejarse llevar por las ambiciones económicas que pueden destruir la imagen de su gran isla. Me recuerda al caso de Valdevaqueros por nombrar uno de los tantos otros destinos donde los intereses económicos no dejan títere con cabeza.

No sé cuándo volveré a Chiloé. Quiero regresar para devorar las mejores empanadas fritas en Doña Tula, puesto 8 de la feria de Dalcahue. Sin embargo, el pronóstico de meses atrás de The New York Times, cuando invitaba a recorrerla antes de que el turismo la arrasara, me provoca pesadumbre. Espero que la lluvia y el frío, sobre todo el frío,  ya que he perdido la confianza en las personas, se conviertan en los mejores aliados de la isla.

Palafitos Puerto Montt, Castro, Chiloé.

Palafitos Puerto Montt, Castro, Chiloé.


Zulunkhuni y los sonidos olvidados

En las noches de tormenta en plena temporada de lluvias, el río Zulunkhuni se despeña por numerosas cataratas y descensos hasta acabar en las aguas turquesas del lago Malawi. Junto a su desembocadura que divide las comunidades de Ruarwe y Nkhoso, Charlie Harper ideó un hostal para los amantes del escapismo.

Zulunkhuni River Lodge es un remoto y casi incomunicado alojamiento levantado en los terrenos del pueblo de Ruarwe. La carretera más cercana llega a Usisya a más de seis horas de camino, por lo que la mejor vía de llegada es mediante alguna embarcación. Sin el Ilala MV funcionando, ferry que recorre el lago de norte a sur, los accesos al lodge se ven reducidos al bote-taxi. Este medio de transporte sólo circula dos días en semana y puede demorarse más de 10 horas en navegar los 60 kilómetros que hay desde Nkhata Bay a Ruarwe. Una embarcación privada es otra alternativa aunque el precio supera los más de 100€.

Salto y Casa de Piedra de Zulunkhuni River Lodge

Salto de altura y Casa de Piedra de Zulunkhuni River Lodge

Con estas dificultades de acceso, Zulunkhuni River Lodge se presenta como una alternativa para aquellos viajeros pacientes, los que no se apresuran y los que disfrutan de la experiencia de navegar el tercer lago más grande de África como tantos malauís de las aldeas pesqueras; en una barcaza cargada de cestos de usipa, cajones de plásticos llenos de botellas vacías retornables, enseres y maletas. Una matatu navegable.

La recompensa de este largo trayecto es el bienestar perdido en esta vida precipitada. Una tregua a Internet o al teléfono móvil. Sin cobertura y sin electricidad, el sentimiento de desaparición se masifica mientras se disfruta de una buena comida, principalmente vegetariana, en el bar del hostal, un baño a solas en el lago, unos libros y mucho tiempo para no hacer nada.

El paradisiaco hostal dirigido por su dueño, Charlie Harper con la ayuda de su hermano Matt, su cuñada Francis y Morton, un malauí encargado del bar que lleva las cuentas de todo lo consumido, es un lugar relajarse y disfrutar del buceo, caminatas entre las montañas, visitas a las cataratas y saltos de altura.

Estos saltos son la razón de cómo Charlie terminó asentado entre colinas que abrazan al lago. Durante su año sabático, este inglés de las afueras de Reading andaba buscando aventura. En su llegada a Ruarwe se topó con el jefe de la comunidad que le ofreció los terrenos donde actualmente se sitúa el lodge. Era el año 1996. Incrédulo, regresó a Nkhata Bay donde tras reunirse con el administrativo responsable vio estampada su firma en un documento que le acreditaba como dueño de los dominios.  Así, con 18 años dejó Inglaterra y comenzó a trabajar en la construcción de un alojamiento perdido gracias a la herencia de su padre.

Charlie recibió a los primeros visitantes en julio de 2001 en Wherearewe?, anterior nombre del hostal y que formaba una clara sintonía con el nombre del pueblo.

Amanecer desde la cubierta de uno de los bungalows de Zulunkhuni River Lodge

Amanecer desde la cubierta de uno de los bungalows de Zulunkhuni River Lodge

Zulunkhuni River Lodge desatasca nuestros oídos llenos de bocinas, alarmas despertadoras y tecleos. Es el lugar perfecto para redescubrir el sonido olvidado de una tormenta, las vibraciones de las salamanquesas y los mangos que se precipitan colina abajo. Incluso se puede escuchar cómo se consume la vela con su crepitar cansino. El despertar lo marca un rojizo sol que se cuela por la ventana y la vuelta a la cama de los grillos tras la serenata. No hay motivo para la prisa ni horario por cumplir. Tampoco se espera ninguna llamada telefónica y los correos electrónicos se acumulan mientras la autorrespuesta da cuenta de tu paradero desconocido.


Rugidos en el centro de Lilongüe

Una visita a Lilongwe Wildlife Centre  (LWC) es un experiencia afectiva para el viajero que observa cómo esta ONG se encarga cada día de los cuidados de las más de 180 especies que residen su centro. Sin embargo este espacio no es un zoo. En Lilongwe Wildlife Centre los animales son los protagonistas. Sus vidas y sus historias prevalecen ante la experiencia del visitante de poder observarlos por lo que no hay cabida para el lucro mediante la exhibición de los animales.

Situada en el centro de la ciudad de Lilongwe, esta organización fue premiada en 2011 por su labor en Turismo Solidario debido a que utiliza el turismo para velar por los intereses de los animales y la supervivencia de su entorno.

El artículo escrito para Viajeros Urbanos de El País puede leerse aquí: Rugidos en el centro de Lilongüe

Chorley, gato serval rescatado de unos contrabandistas en Mozambique. / LILONGWE WILDLIFE CENTRE

Chorley, gato serval rescatado de unos contrabandistas en Mozambique. / LILONGWE WILDLIFE CENTRE