El mercado central de Lilongwe

Hace unas semanas pasé unas horas en las entrañas del mercado de Malangalanga, foco central del comercio popular de la ciudad de Lilongwe. Eran las 7:30 de la mañana cuando me adentré en el tumulto de cargadores y transportistas que repartían el género entre numerosos vendedores antes de colocarlo en sus respectivos puestos.

La clientela todavía aguardaba en las casas y decidí preguntar por un buen puesto en el que desayunar.  
”Go out the market. No gur for yu“, me indicó el joven musulmán en su tenderete de alfombras de esparto, canastas y floreros.

Desayuné en el puesto de dos señoras que anonadadas tomaron mi comanda. Numerosos ojos extrañados se preguntaban qué hacía allí. En sus caras podía ver la pregunta de cómo alguien que podía disfrutar de una cuidada atención, un servició más higiénico y en definitiva un mejor desayuno, se sentaba a tomar té y dos rebanadas de pan con mantequilla.

Sector de frutas y verduras del mercado de Malangalanga, Lilongwe

Sector de frutas y verduras del mercado de Malangalanga, Lilongwe

Esperé a que la sorpresa se esfumará y pregunté a Francis, vendedor de periódicos, sobre su trabajo de paperboy. Me contestó en su mejor inglés y cuando partió para vender su pila de 50 diarios, indagué en las dos señoras para extraer alguna información útil sobre el mercado. Su inglés rudimentario dificultó el diálogo que se veía interrumpido por preguntas sin responder y largos silencios finalizados con una sonrisa ruborizada. Busqué la manera de continuar la conversación, necesitaba la historia para un artículo y la palabras boss fue la clave para conseguir mi objetivo.

No sé si me entendieron (“I would like to talk to your boss”) pero al oír la última palabra, la respuesta fui casi inmediata. Una orden a un compañero en chichewa, la lengua local, seguida de otra para mí: “wait”. Sorbí mi té y tras leer algunas líneas del periódico que había comprado a Francis, un señor con pantalones caquis y camisa color mostaza se sentó a mi lado.

John Kwenda es el jefe de sección de cosméticos desde 1998. Junto a él recorrí el mercado de Malangalanga y fue presentándome a los distintos jefes de sección y al jefe del mercado, el señor Mdayamba.  Entrañable, este viejecito me invitó a sentarme en su banco de madera detrás de su puesto de legumbres, germen de este mercado a principios de los años 60.  Hablamos de los problemas de infraestructura del mercado y de las demandas de los trabajadores. Lamentó el tira y aflora continuo con el ayuntamiento para mejorar las condiciones sanitarias del recinto. Me dio la libertad de pasear por el mercado que tan bien conoce, hablar con quien quisiera y pagarle una visita cada vez que me acercase a comprar.

Regresé a casa para repasar mis notas, ordenarlas y escribir la pieza que se publica hoy en Viajeros Urbanos.

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