Archivo mensual: marzo 2013

Pascua al sur de Malawi

Hace un mes visité Blantyre, la capital económica de Malawi y nombrada en conmemoración a la ciudad natal de David Livingstone al sur de Glasgow. En este viaje pude saludar desde el coche los parajes de Liwonde y Zomba. Mañana salgo a recorrerlos.

En mi camino, dirección sur, me encontraré con campos plagados de maíz que escoltan la M1, principal carretera del país, en muy buenas condiciones. La temporada de lluvia se despide y el verde es vibrante en unas llanuras salpicadas por chozas de adobe y ladrillo que componen la Malawi rural.

En Liwonde me espera la compañía de numerosos hipopótamos que vendrán a pasar la noche junto a mi tienda de campaña. Sin electricidad, el Bushman´s Baobab será mi campamento rodeado de las caudalosas aguas del río Shire en el Parque Nacional de Liwonde punto de encuentro para distintas familias de elefantes.

Aggressive Elephant in Liwonde National Park, Malawi

Elefante en el Parque Nacional de Liwonde, Malawi / ©Philipp Hamedl

Visitar Zomba, antigua capital de Malawi y foco universitario del país, es como escaparse a las tierras altas de Escocia. Montañas majestuosas, colinas que se amontonan en el paisaje y una climatología fresca, húmeda. Su meseta recorrida por Livingstone, Zomba Plateau, es una atalaya que llega a superar los 2000 metros de altura en sus cotas más altas y que se extiende a lo largo de valle Shire cubriendo una extensión de 130 km2. Es un macizo montañoso degollado y normalmente decorado con un sombrero de nubes que descarga agua violentamente.

Por último, en mi camino de regreso intentaré perderme a orillas del lago. Todavía no sé exactamente dónde pero entre el desaguadero del mismo, en Mangochi, y Monkey Bay. Será la última parada antes de volver a la claustrofóbica Lilongwe a finales de la semana que viene.

Me voy con lo puesto y la tienda de campaña. Nada de ordenador. Me voy a descansar, leer y escribir. Esta vez el viejo Toyota Corolla, al que hace una semana tuve que cambiarle la batería, se queda en casa.

Un saludo viajero y nos leemos a la vuelta.


Arica aburre

La primavera llega mientras que en el mundo austral el verano se despide dando paso al tiempo de la nostalgia. Pueblos costeros que recogen los chiringuitos y se echan a dormir esperando que llegue el calor y la ciudad sea de nuevo un hervidero.

Sólo estuve un día en Arica, al norte de Chile, para poder abrazar ese sentimiento de ciudad olvidada tras los meses estivales. Estaba de paso, llegaba desde La Paz tras más de ocho horas montado en un autobús y a la mañana siguiente me esperaba mi vuelo con destino a Santiago de Chile. Iba camino de la añoranza y apenas lo sabía. El frío me despertó en el paso fronterizo de Puracayá cerca del pico más alto de Bolivia, el Sajama.

Ya en tierras chilenas, los vestigios del raíl que en antaño conectaba la capital boliviana con Arica me daban pistas en sus estaciones ruinosas a punto de desplomarse. La maleza abrazaban los esqueletos de las cuatro paredes de las estaciones cuya pintura quedó desconchada y su interior inundado de la arena del desierto. La estación Rosario me advirtió de que llegaba al lugar de la calma tras el bullicio comercial, arquitectónico y corruptivo a más de 4000 metros de El Alto.

En esas pocas horas pude comprobar como Arica es una ciudad donde lo importante es que no pasa nada. Tranquila, es una parada para huir del frío invierno y abrazar el termómetro cuando medio Chile tirita ante las bajas temperaturas.

Arica es la última gran ciudad al norte de Chile, la puerta a Perú. Casa de la Universidad de Parinacota, su estilo permanece anclado en el pasado colonial en torno a la Plaza principal, la Plaza Colón. Allí se levanta la catedral de San Marcos, una de las pocas que he visto sin exuberancias, invitando al visitante a un rezo entre baldosas negras y blancas y unas cuidadas maderas de color marrón.

Arica es un buen lugar. Me dio reposo cuando estaba apunto de despeñarme por el acantilado de la excitación en la recta final de mi viaje sudamericano. “Ahora que el viaje termina me invade la calma”.

El Morro, cerro costero insignia de la ciudad de Arica

El Morro, cerro costero insignia de la ciudad de Arica

Arica, donde no pasa nada si no es verano. Cuando la rutina administrativa continua su curso y los niños están en el colegio. Arica es una tarde de invierno en la que los jóvenes hacen fila para ver la recién estrenada película de Kramer, famoso cómico chileno, y en el mercado echan el cierre al terminar el día. En ese instante, el sol con sus últimas fuerzas pega una sacudida de color que chisporrotea verde, rojo y blanco en el mobiliario de la ciudad.

Un oasis al final de una zigzagueante carretera que rodea montañas de arena enormes. Dunas que parecieran amenazar con desmoronarse en cualquier momento e ir a parar al océano Pacífico.

Leo el periódico ante la mirada su Morro, un cerro costero apuñalado por la bandera chilena. Doy el último respiro antes de volver a casa. Un paseo junto a una orilla para volver al hostal y acogerse a que Arica siga siendo una de las ciudades más aburridas en las que he estado.


En busca de Livingstone por Malaui

Mañana se celebra el bicentenario del nacimiento de David Livingstone. Descubridor de las cataratas Victoria en 1855, es una de las figuras más representativas del siglo XIX y sus expediciones le llevaron a internarse en las zonas centrales de África por aquel tiempo desconocidas. Su determinación por encontrar la fuente del Nilo hizo que no se recibieran noticias suyas en años. En 1877 se produjo el famoso encuentro con el periodista Henry Stanley (“¿Doctor Livingstone, supongo?”) enviado por el editor de The New York Herald, Gordon Bennet, en su busca.

En 18959 se encontró con unas tierras, las que forman hoy el país de Malawi, que le deben al explorador parte de lo que es hoy. Una personalidad forjada en las tres “Cs” que el explorador y misionero escocés impulsó en este país del sureste africano: cristianismo, civilización y comercio. Los lazos creados a mediados del siglo XIX hacen que la relación entre Malawi y el explorador se mantengan en la actualidad en un país donde Livigstone es venerado.

Hoy en Viajeros Urbanos, hago un repaso histórico que da señas de que Livingstone sigue en Malaui 

Cape Maclear, primer asentamiento de la misión, en la actualidad

Cape Maclear, primer asentamiento de la misión, en la actualidad


#periodismoMalawi

Este es un blog de viajes. Así se deduce en la sección Pasa sin miedo del mismo. Sin embargo últimamente estoy trabajando en informaciones políticas, culturales y sociales. Bajo el hashtag #periodismoMalawi intento dar distintas actualizaciones en la red social del pajarito sobre lo que pasa en el desconocido país que hoy me brinda residencia.

Estos trabajos están siendo parte del blog África no es un país que coordina Lola Huete para El País. Hoy, por ejemplo, se ha publicado Traición en Malaui, una pieza informativa que recoge los acontecimientos que han ocurrido en estos últimos días en el país.

Espero que entiendan que a veces haya semanas donde no se publique ninguna entrada o si la hay, no sea estrictamente relacionada con la apasionante aventura del viaje.

Sigo recopilando datos, modificando mis notas y cuadernos de viajes para continuar con un blog que empecé hace ya algo más de año y medio. Llevo semanas siguiendo los pasos de Livingstone, cuyo bicentenario se celebra el próximo día 19 de marzo, una figura que Malawi tiene en la sangre. Este trabajo junto con otros relacionados con el país del sureste africano aparecerán en Viajeros Urbanos próximamente. Además hay alguna sorpresa con alguna revista por ahí.

Lo bueno, supongo, es que con buena letra continuo escribiendo.


William Kamkwamba: cuando el viento sopló diferente

Hoy se estrena William and the Windmill en el Festival de Cine South by Southwest de Austin, Texas. El documental recoge la vida de un joven malauí, William Kamkwamba, que con tan sólo catorce años creó un molino de viento que dio luz a su pequeño poblado en el centro de Malawi.

Su historia es emocionante, como la de los pequeños genios, y ocupó numerosas páginas de periódicos. Con ingenio y encarando las dificultades de vivir en uno de los países más pobres del mundo, William lo intentó y lo hizo. Estuvo de invitado en la conferencia TED en dos ocasiones donde dio a conocer cómo desarrolló su idea y escribió El niño que utilizó el viento junto a Bryan Maeler.

En la actualidad es un héroe en Malawi y un ejemplo de superación. Mi repaso a su historia y al documental se puede leer en el artículo El viento sopló diferente que sale publicado hoy en el blog,  Africa no es un país, que coordina Lola Huete para El País. 


Viajero, turista y post-turista

Hoy quisiera compartir algunos trazos del capítulo “Turista, viajante, viajero y post-turista” del libro de Mariano Belenguer Periodismo de Viajes. Análisis de una especialización periodística.

Me parece muy interesante recoger las distintas definiciones para tener un mejor escenario de los distintos roles que se aproximan al bello arte de viajar. Además, este capítulo es un debate abierto en la diferencia, si es que hay, entre turista y viajero.

Quiero apuntar, como se deja claro en las páginas del propio libro, que todas estas matizaciones de los conceptos no dejan de ser personales y subjetivas y no debe entenderse como un encasillamiento de las personas que viajan. Incluso el turista puede ser en diversas ocasiones un viajero y viceversa dependiendo las características del viaje.

Existe una confrontación entre los conceptos viajero y turista que ha dado para muchos debates. Investigadores, analistas sociólogos… toda aquella persona relacionada con el mundo de los viajes tiene su propia opinión al respecto.

Según el estudio de Mariano Belenguer, el término turista implica un viajero masificado y organizado. Es una palabra peyorativa utilizada con desdén por los que se considerarían viajeros. Incluso Louise Turner y John Ash van más allá en La horda dorada calificando a los turistas como un colectivo de bárbaros de la Edad del Ocio. El viajero es más difícil de definir debido a su aproximación a un mito, al viajero de antaño, al gran explorador. Si abordamos la etimología de la palabra nos encontraremos con una persona que viaja o que escribe o relata su viaje.

Sacsayhuamán tomada por cámaras de fotos

Sacsayhuamán tomada por cámaras de fotos

En cuanto a la etimología de la palabra turista, esta proviene de torno, del latín tornus y del postverbal francés tour.  El turista se da una vuelta, se pega un tour frente al viajero que toma el viaje como acción de ponerse sobre una vía o camino. En este sentido, el turista lo deja todo planificado. Busca un viaje cerrado, mientras que el viajero cuenta con el afán de la aventura en su mochila.

El famoso escritor de viajes, Javier Reverte, contrapone ambos términos ahondando en las razones del viaje. Para el viajero largarse es su principal pretexto. En cambio, el destino es para el turista la razón de su viaje.

En la actualidad, con la comercialización del viaje es más difícil llevar a cabo una categórica diferencia entre ambos conceptos ya que en muchas ocasiones tanto el viajero como el turista hacen lo mismo, coinciden en el medio de transporte, en el destino y en el placer de viajar.

Así, parecer ser que lo que fundamentalmente les diferencia son el espíritu y el ánimo con el que viajan. El turista es un acumulador de experiencias y ve el lugar visitado como un espectador. Sin riesgos. El viajero se transforma con el viaje y anhela y siente la necesidad de conocer lo que tiene alrededor.

Junto a estas apreciaciones, existe un concepto abordado por Chris Rojeck. El post-turista. Esta figura es un viajero escéptico, irónico y consciente de que hoy es imposible el viaje de antaño y que por mucho que lo intente no puede escapar a su condición de turista. No abomina el turismo ya que sabe de la comercialización del viaje  y entra en un sistema, conociéndolo y jugando con él, para tomárselo con humor.

Hay que ser conscientes de estas diferencias para conocer cómo agencias de viajes y medios juegan con el mito del viajero e intervienen en su construcción y en su definición.