Archivo mensual: mayo 2013

Entre la información de viajes y la publicidad

Llevo semanas confundido y ha llegado el momento de escribir sobre los problemas éticos que se vienen desarrollando en los portales y blogs de viajes.

Defiendo la necesidad de las guías prácticas, los perfiles de establecimientos, así como los trucos y las menciones de empresas que aportan un sentido al viaje que realiza el autor de la pieza. Sin embargo, son frecuentes los post patrocinados, los publirreportajes o las empresas viajeras que se cuelan bajo la manta de la información.

La diferencia entre información y publicidad me parece primordial para respetar al lector. Este es el tema de lo que publico hoy en Periodismo de Viajes: La confusión viajera; sobre el post informativo y el post publicitario

Varios folletos publicitarios de viajes

Varios folletos publicitarios de viajes


Nkhata Bay, Malawi desenfadado

Nkhata Bay, en el norte de Malawi, es el destino junto al lago donde mejor se pasa una borrachera. Sin prisas.

El municipio es una juerga nocturna que descansa por la mañana cuando al desayuno le dan las horas de almorzar. Tras un baño en las aguas turquesas del lago y una cabezada bajo algún mango, el pueblo reactiva su bullicio. Es entonces cuando comienzan las actividades acuáticas, se prepara todo para el partido de fútbol en el descampado en el corazón de la ciudad y se hacen unas compras en el alborotado mercado. El día se pasa tranquilamente, sin darse cuenta. En los hostales, los viajeros se impregnan del espíritu hippie de un pueblo que hospeda al visitante con una sonrisa. Y de vuelta a la noche.

Viajeros Urbanos publica un artículo para trasladarse a Nkhata Bay y animarse a venir. Si no, déjese llevar en El pueblo “hippie” de Malaui

Visitante leyendo a orillas del lago Malaui

Visitante leyendo a orillas del lago Malawi


La Paz rueda por el camino de la muerte

La ciudad de La Paz huele a té, a pan recién hecho, a humitas y patatas que se fríen con algún trozo de carne en los puestos callejeros del centro. La que es la capital administrativa de Bolivia es el punto de encuentro de los viajeros que aterrizan en el país, un destino barato lleno de actividades por hacer. Paisajes que van desde el desierto hasta la selva amazónica. El altiplano y el lago Titicaca, las minas de Potosí. De todas ellas, quizás hay una a la que sólo se atreven los más aventureros y los que conversan con la muerte.

El camino de los Yungas, que une La Paz con Coroico, fue declarada la carretera más peligrosa del mundo. Actualmente cuando existe una vía alternativa para el tránsito, la ruta se ha convertido en el paraíso de los ciclistas de montaña y aficionados que buscan una dosis extra de adrenalina. Con un descenso de 3500 metros y con una carretera que da mucho miedo, la precisión es la mejor arma para no acabar en el precipicio. Una actividad muy recomendable y que tuve la experiencia de vivir el pasado mes de agosto.

Hoy, casi un año después, me estreno en la sección de Viajes de La Vanguardia con un artículo que recoge cómo es ir a dos ruedas por el camino de muerte: La Paz y su camino de la muerte 

Sobreviví al Camino de la Muerte

Sobreviví al Camino de la Muerte


Zomba y el espresso de la meseta

En la subida a la meseta de Zomba, rumbo al famoso hotel que corona la ascensión, se encuentra un pequeño e italiano hostal. Jardines bien cuidados, una de las mejores cocinas en el país y una parada en para la nostalgia.

Casa Rossa acoge al visitante y lo acomoda como si fuera de la familia. Con poca promoción comienza a recibir a muchos huéspedes que visitan la que fuera la antigua capital de Malawi en un lugar hogareño y sencillo. Cuenta con sólo tres habitaciones y un antiguo garaje convertido en un dormitorio para 6 personas. Lo mejor es acampar entre plataneros y árboles de guabas y aguacates y despertar cuando el rocío todavía empapa la hierba.

Zomba es un retiro cuando las altas temperaturas inundan Malawi. El sol se hace soportable en una climatología que refresca por las noches en los meses de la estación de lluvia. En mayo, junio y julio el frío impera por mucho que en la mentalidad occidental África e invierno sean incompatibles.

Casa Rossa evoca al hogar. El viajero que ha pasado por el calor seco del Parque Nacional de Liwonde, por la desordenada Lilongwe y se ha divertido en el lago, encuentra en este hostal un lugar para rememorar de dónde viene. Casa Rossa juega con las temperaturas que aportan la orografía de Zomba y arropa al huésped con el edredón del buen comer. Como si se estuviera en casa.

Ravioli, gnocchi y tortelloni y de acompañamiento un buen vino tinto. El hostal termina siendo un lugar donde el visitante acaba pagando más por la comida que por el alojamiento. Y con gusto.

Huésped disfrutando de la tranquilidad de Casa Rossa

Huésped disfrutando de la tranquilidad de Casa Rossa

El restaurante además se sitúa en la terraza que invita a pasar la tarde soñando despierto. Los catorce escalones que separan el suelo de la entrada es el resultado de un porche de altura que rodea la casona rossa. Un balcón para echar a perder la vista entre las frondosas montañas y en las llanuras que se extienden en dirección al lago Chilwa, el segundo más grande de Malawi. Incluso en un día claro se puede percibir la cordillera de Mulanje rodeada de viscosas nubes que la esconden a menudo.

A media tarde llega el momento del recuerdo. Es la hora de ponerse unos calcetines y la sudadera de andar por casa. El frío envuelve a los visitantes al caer la noche y no lo suelta hasta bien entrada la mañana. La carne se agallina y hay que pasar al salón interior del restaurante donde una chimenea atempera el cuerpo y el espacio. Alguna nube cabreada aparece sin avisar descargando con violencia trayendo a la memoria los días de sofá y manta, algo impensable en el viajero cuando viene a este lugar del planeta.

De golpe el viajero “vuelve” a casa sin haberlo planeado. Recuerda el invierno, el que se antoja cuando se echa de menos. La combinación del frío y la buena mesa deja un regusto de morriña antes de continuar con el camino.


Music Crossroads Malawi, a bombo y platillo

Unos acordes sueltos salen al rasgar la guitarra y se pierden entre el retumbe de la banda malauí Konkalazi que comienza su ensayo. Al otro extremo del edificio de una sola planta se puede percibir el canto dirigido por el profesor que enseña a sus estudiante cómo leer una partitura. “Esto se practica cantando”. En el jardín trasero, junto a la biblioteca y al almacén, Mlengah practica con su guitarra sentada sobre un escenario vacío, anfitrión de los grandes conciertos. La rutina vespertina de Music Crossroads Malaui parece ajena a la nueva etapa que la ONG encara.

Music Crossroads Malawi vela y difunde una educación musical para los más jóvenes en el país sudafricano. Asentada en el extrarradio de la ciudad de Lilongüe, en el Área 23, llegó a Malawi en el año 2000 y está de enhorabuena debido a que recientemente se ha inaugurado su academia de música.

Distintos miembros del equipo ha pasado días desembalando y etiquetando todo el material recibido por Yamaha. El comportamiento de la compañía japonesa ha sido esencial a la hora de recibir instrumentos. En la biblioteca se instalan los ordenadores y las estanterías rebosan llenas de volúmenes musicales donados por la Biblioteca Nacional de Lilongwe. Todavía se puede percibir el olor que guardan los libros sin estrenar.

Miembros del grupo "The Zebras" antes de su ensayo

Miembros del grupo “The Zebras” antes de su ensayo

La academia de música de la ONG constituye un programa educativo que acogerá en su primera promoción a 30 estudiantes locales de los cuales diez de ellos estarán becados. El programa está basado en el aprendizaje musical de una manera práctica donde los alumnos puedan plasmar en sus instrumentos lo enseñado en la teoría. Además se ha modificado el criterio pedagógico para reducir el protagonismo de la metodología occidental y basarse en unas influencias locales. Como dice Gladson, uno de los profesores de la academia, “los estudiantes tienen que partir de una base musical más cercana a ellos, una música que les rodee”

Mathews Mfune, director de Music Crossroads Malawi y Liz Karonde, directora de comunicación, lideran un proyecto que ve la luz tras meses de preparación. “Vamos a dirigir un colegio y no teníamos ni idea” dice Liz quien apuesta por un ambiente pedagógico ameno y desenfadado pero sin descuidar la educación de los alumnos. La organización de las casi 24 personas del equipo, los horarios, las matrículas y en definitiva la puesta en marcha de la academia supone todo un desafío del cual ya han superado la parte más difícil.

Además de una academia musical, Music Crossroads es una esperanza para combatir el analfabetismo en Malawi. “La música es una herramienta para motivar a los estudiantes y se ha convertido en una alternativa para aquellas familias que no pueden pagar las tasas educativas” explica Liz quien además resalta la importancia de la localización del centro: “estamos aquí, alejados del centro de la ciudad, porque es donde se nos necesita”.

Music Crossroads invita a los jóvenes a su escuela donde los instrumentos y materiales están provistos. Junto con la recién inaugurada academia, el centro siempre ha estado abierto a todos aquellos malauís y extranjeros que quieran desarrollar sus habilidades musicales. Con una cuota anual que no supera los 5 euros, los miembros pueden acudir a seminarios, conferencias y sesiones de trabajo. Además estos tienen la oportunidad de recibir clases personalizadas de dos horas tras el previo pago de una pequeña cantidad y de disfrutar de la sala de ensayo.

Así, muchos jóvenes pasan las tardes en un recinto que rebosa melodías y cantos. Varios de los asiduos son algunos miembros del grupo The Zebras. Samuel, Asante y Prince acuden todas las tardes al centro. “Lunes, miércoles y viernes tenemos coro y los martes y jueves ensañamos con la banda” dice Asante de quince años y que lleva desde los 12 tocando la batería. Sus padres a veces se enfadan porque no hacen los deberes pero desde Music Crossroads se les convence de que es una educación complementaria y que lo importante son sus clases matutinas en las escuelas.

Los tres, a la espera de su ensayo, se avergüenzan al contar su significado de la música. Mientras que para Asante, la música es su vida, Samuel y Prince ven en ella una salida profesional a la que se aferran. La determinación que muestran a la hora de tomarse la música hace que las inocentes respuestas tengan mucho más de real que de sueño.

Music Crossroads también desarrolla clases de música para profesores de colegio. Los jóvenes malauís apenas cuentan con este tipo de clases en la escuela donde “a los profesores se les enseña a pasar el examen”. La organización junto con el gobierno, que se encarga de pagarles el transporte a los profesores, ha implementado unas tutorías donde maestros de primaria y de secundaria pueden seguir formándose. Una de esas profesoras-alumnas es Martha quien explica que en su colegio no hay materiales o instrumentos.“Las panderetas las hacemos con chapas de botellas y los tambores con latas”. Enamorada de la música, le encanta el coro de la iglesia donde junto con sus clases en el colegio desarrolla todo lo que aprende de la mano de Luckson.

Banda Konkalazi durante un ensayo

Banda Konkalazi durante un ensayo

Lackson Chazima y Gladson Msendera son dos de los profesores de la academia. Nunca tuvieron la oportunidad de ir a una facultad de música pero con perseverancia han sabido empaparse y estudiar una materia que les apasiona. Ahora se reparte las clases teóricas pero siempre teniendo en cuenta la importancia de la práctica. “El estudiante hace en vez de estar sentado” dice Luckson que también se encarga de enseñar a los profesores que visitan el centro desde distintos puntos de la ciudad. Por su parte Gladson se centra en otro de los proyectos en los que Music Crossroads colabora. Este programa, Youth in Prision trabaja con encarcelados a través de la música y el teatro y en el que se intenta que los reos “cambien la mentalidad y comprendan que todavía son válidos” explica Gladson.

Otros de los programas con los que colabora Music Crossroads Malawi son Chance4Change o con el proyecto catalán Petit Musics del Mon.

Desde un principio la comunidad recibió a Music Crossroads con los brazos abiertos sabiendo del bien social que realiza. La educación musical, complementaria a la que reciben los alumnos en el colegio, ha hecho que muchos jóvenes acudan a ensañar, se enrolen en bandas y compartan una pasión.

La música en África es vasta. Sin embargo pocas son las oportunidades educativas con las que cuenta el continente en esta materia. Una juventud autodidacta que apenas se puede permitir unas clases de música que a menudo se basan en una metodología occidental.

Music Crossroads, perteneciente a la organización belga Jeunesses Musicales, lucha cada día en distintos países sudafricanos para que la música impulse el avance de la educación. Unos cambios que no sólo se producen en Malawi sino en otros países como en Zimbabwe o Mozambique donde también se han abierto distintas academias con el propósito de que los jóvenes se vean beneficiados por el poder que les ofrece la música.