City of Stars, el festival tomó Lilongwe

Tras el repaso festivalero por África de hace unas semanas, hace exactamente una que Lilongwe no paró de bailar gracias al City of Stars. Procedente de las aguas del lago y tras un año sabático, el Lake of Stars Project congregó a la cultura malauí en un fin de semana de música y color. El texto a continuación es una crónica de lo que se pudo ver.

Público bailando en City of Stars / MAGDALENA KROHN

El proyecto Lake of Stars celebraba su décimo aniversario lejos de las orillas del lago Malawi. Muchos auguraban un anodino evento debido al cambio de localización, sin embargo, Lilongwe, la capital de Malawi, disfrutó del festival más antiguo del país sudafricano.

Con nuevo nombre para la ocasión, City of Stars aterrizó en los jardines del Sanctuary Lodge para celebrar en dos días diez años de creatividad malauí. En esta ocasión la organización apostó por una semana multidisciplinar que involucrase a diversas instituciones culturales de la ciudad.  “El festival es el colofón a una semana cultural” explica Will Jameson, director y fundador del proyecto. Desde 2003, este inglés lleva trabajando para buscar “nuevas vías de promoción de la música, la cultura y el turismo de Malawi” y aportar un escaparate para los emergentes artistas del país.

El sol caía cuando los dos escenarios estaban listos para la actuación de más de 50 artistas. Los extensos jardines estaban decorados de manera bucólica y sencilla, utilizando materiales típicos de Malawi como el chitenje. Antes de que la oscuridad envolviera la ciudad numerosas bombillas de colores se iluminaron.

El festival comenzaba con impuntualidad malauí. Un comienzo atrasado y tímido que hizo que la primera mujer rapera de Malawi, Rina,  inaugurara el escenario principal con 40 minutos de retraso. Mientras las grandes estrellas del cartel desfilaban por este espacio, el segundo escenario, nombrado Music Crossroads, acogía a numerosos artistas salidos de las aulas de la academia internacional de música asentada en la capital.

La banda local de afropunk fusión Konkalazi fue la encargada de despertar los primeros bailes que fueron secundados por la mezcolanza de rap, hip hop y techno que los chicos de One Lord Record trajeron al escenario central.

Lilongwe se sumergía en la noche con YaDi y su electropop de raíces argelinas, noruegas e italianas. La artista británica no defraudo y sirvió de resorte para el público que comenzaba a poblar el festival. El chichewa, la lengua local, se apoderó del escenario con el Peter Mawanga and the Amaravi Band. La audiencia pudo disfrutar de uno de los más destacados músicos de Malawi y recibió cálidamente temas como N´tumeni y Pahpiri ndi padambo. Mawanga no dejó indiferente a los que se acercaban por primera vez a los sonidos de la Malawi rural.

El relevo fue un contraste de sonido, característica de un festival que congregan a dispares músicos. Tumi, uno de los mejores raperos de Sudafrica agarró el micro y se dejó llevar hasta que un inesperado corte de luz deslució su actuación. Mejor suerte corrió Auntie Flo. Brian d´Souza funde sus resonancias africanas con ritmos futuristas mientras Esa Williams reparte un surtido de percusiones asociadas con los platos de Brian. Ellos fueron los encargados de cerrar la noche antes de que la fiesta se trasladase a una de las discotecas más famosas de la cuidad.

Lilongwe despertó calurosa en el segundo día de festival y con más de doce horas por delante. El Sanctuary Lodge se llenó de familias y los jardines parecían albergar un picnic multitudinario. Cerveza local, comida tradicional y primeros compases que llegaron de la mano de una de las bandas más esperadas, Malawi Mouse Boys. El góspel de esta banda, que continúa vendiendo kebabs de ratones a los conductores cerca de Balaka, animó a los tempraneros cuya somnolencia desapareció cuando el grupo de Burundi Amahoro Drummers hizo tronar sus tambores.

De picnic durante la actuación de los noruegos Sveremere / MAGDALENA KROHN

De picnic durante la actuación de los noruegos Sveremere / MAGDALENA KROHN

Poco antes del almuerzo Lucius Banda aterrizaba en el escenario junto a su grupo. Arrancó los primeros bailes con una recopilación de sus mejores canciones. 26 años y 17 discos tiene a sus espaldas el artista más importante de Malawi. El folk y los sonidos celtas también tuvieron cabida gracias al grupo noruego Svermere mientras que Bwani Junction trajo el rock desde tierras escocesas. El calor se disipó mientras los compatriotas de Livingstone y sus potentes guitarras eléctricas volvían loca a una audiencia dispuesta a seguir sacudiendo el polvo hasta altas horas de la madrugada.

El escenario principal, expectante, ya se preparaba para la llegada de los platos fuertes. Los entremeses lo pusieron dos poetas: el local Q Malewezi y George the Poet.  Q trajo las reivindicaciones sociales a escena y George demostró ser el malabarista de palabras de moda que el periódico inglés The Guardian definió el pasado febrero.

Mientras en el espacio principal se ajustaban los instrumentos para el vibrante y alocado reggae de Sally Nyundo, la actividad del segundo escenario desapareció tras la íntima actuación del cantautor local Sirius que dejó al público con el alma enganchada a las acuerdas de su guitarra acústica.

El entusiasmo se focalizó entonces en la llegada a escena del grupo Sauti Sol que se hizo esperar. El público se arremolinó y disfrutó desde el primer acorde de los keniatas con su pop potente y pegadizo. La mejor carta libre para que la gente se desatase y recibiese a The Very Best con las manos al cielo y con muchas ganas de baile. “Ha llegado la hora de la fiesta” dijo Johan de The Very Best justo antes de ponerse al mando de la mesa de mezcla y dar paso a Esau y a Seye, parte malauí e inglesa del grupo respectivamente. Una extravagancia de sonidos que tiene al chichewa como la mejor pólvora para dinamitar la eclosión de sonidos que presenta este grupo. Un subidón de sensaciones que continuó con el hip hop y R&B de Fly 5, una agrupación de cinco de los mejores artistas de Zambia y que se reunieron especialmente para esta edición de City of Stars.

 La rapera malauí Rina durante su actuación en el festival / MAGDALENA KROHN

La rapera malauí Rina durante su actuación en el festival / MAGDALENA KROHN

El concepto del festival cambió por un año, para devolver a Lilongwe las noches de música que apenas se dejan ver en la capital. Un festival multicultural que sirvió de nexo de las artes de Malawi con las esencias internacionales traídas desde Noruega, Reino Unido, Sudáfrica, Congo, Burundi o Zambia. Todos juntos demostraron que en África la música es algo más que una lucha inútil y que merece oportunidades en muchos casos negadas a priori.

El City of Stars se despidió con un set de djs que sacudieron la noche hasta que las estrellas desaparecieron y quedó la ciudad. Silenciosa.

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