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España acredita al dictador Obiang

España juega el próximo sábado 16 de noviembre un partido amistoso en Malabo, capital de la ex colonia española Guinea Ecuatorial. El primer amistoso de la minigira africana de la selección de fútbol es una fallida decisión de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ya que ha aceptado la invitación del dictador de país, Teodoro Obiang.

Obiang lleva 34 años en el poder de Guinea Ecuatorial, el tercer país productor de petróleo en África. Mientras este se llena los bolsillos con sus petrodólares el 80% de la población ecuatoguineana vive con sólo 2 dólares al día.

Ahora Malabo recibe a la campeona de Europa y del mundo, poniendo a Guinea Ecuatorial en la escena internacional gracias al fútbol, herramienta con la que la corrupta dictadura intenta limpiar su imagen. La violación de los Derechos Humanos es una constante en un país que vive del pucherazo, la persecución a la oposición, Obiang controla 99 de 100 escaños en el parlamento, y la escasa libertad de expresión.

La RFEF se ha equivocado. Ha aceptado jugar en casa del dictador y pasar por alto los informes de las distintas instituciones veladoras de los Derechos Humanos. Así, la selección española de fútbol juega en favor de la opresión el sábado por mucho que se quiera vender la solidaridad del combinado nacional.

En el artículo publicado en GuinGuinBali, Cuando España juega con el dictador Obiang, se puede profundizar cómo España se une a la pantomina del gobierno de Guinea Ecuatorial.

Once titular de la selección española de fútbol en un partido reciente

Once titular de la selección española de fútbol en un partido reciente

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Un ratito

Por el barrio Santa Cruz; M.Krohn

Dejé el verano unos días para toparme con cientos de naranjos atestados de esféricas naranjas amenazantes rumbo al suelo.
Los geranios me tendían la mano y me ayudaban a colarme por la ventanas donde salía ese olor a puchero. Un sorbo de caldo y tiro pá la plaza a ver pasar la gente.
El sol de invierno me calentó la oreja y me dejó anestesiado a la hora del café. El abrigo que pidió frío para no sentirse tan abandonado.
Cada desconchón un abismo blanco para perderme en las historias de los rincones.
Con las manos en los bolsillos, rememoré cada adoquín para que no se me olvidase la cuenta. Paseando sin rumbo pero sabiendo muy bien dónde quería ir.
Recuerdos que dieron un respingo desde lo más hondo de mi memoria para explayarse ante mis ojos.

Ya es madrugada y se congela la poca hierba de los jardines.
Solitaria noche de martes víspera de festivo.
Espérame un ratito que ya mismo vuelvo para otra vez irme.


En un rincón escondido de la historia

La mayoría de la población chilena es mestiza. Sus raíces se agarran en un pasado denostado que no tiene lugar en las clases de Historia de la enseñanza básica o secundaria.

La importancia de la gesta del pueblo mapuche pasa desapercibida para muchos chilenos aunque es recogida por distintos historiadores, como Indalecio Téllez, que ensalzan a los araucanos como uno de los pueblos más ilustres de la historia de la Humanidad.

Los mapuches eran valientes, estrategas y férreos. Fueron los únicos que consiguieron derrotar al mejor ejército de la época: el español. Vencieron a estas tropas en superioridad, igualdad e inferioridad a pesar de que el ejército mapuche era uno de los peores en cuanto a armamento o conducta militar. Aún así, la capacidad de adaptación, de innovación y la lucha contra las adversidades fueron las bases para doblegar a las tropas españolas tras tres siglos de enfrentamientos y hacer factico la heroicidad araucana.

El ejército mapuche se valió de sus caballos para crear una especie de infantería montada de la época, se adelantaron a su tiempo y utilizaron un sistema de comunicación de guerra. Podría decirse que era un “telégrafo natural” donde los mensajes eran transmitidos mediante el movimiento de las ramas de los árboles. Jefes tan estrategas como Lautaro guiaron al pueblo mapuche hacía la defensa de sus tierras y hacia una independencia firmada en 1640, en lo que se conoce como la Paz de Quillén, y en la que se evidencia la fortaleza de los araucanos.

Se pueden relatar episodios y batallas que fortalecen el prestigio de un pueblo que queda escondido en los rincones de la historia.  A pesar de que España le otorgó un trato de igualdad y reconoció a los mapuches, Chile niega este pasado. Son muy pocos los que recogen el valor, las características socioculturales y la capacidad militar del pueblo mapuche que se pierde entre etiquetas, injusticias y desprestigio.

Bandera mapuche


La ciudad agarrada al pueblo

¿Carmona? ¿Te llevaron al Parador?
He oído muchas veces esto. Incluso me hace gracia porque es cierto. No hay nadie que no vaya a Carmona acompañado de alguno del lugar y no visite el Parador Nacional de Turismo. Y es que los carmonenses se sienten orgullosos de lo que fue en su día un teatro romano venido abajo por el terremoto de 1504. Desde allí se obtienen las mejores vistas de la vega. Los colores de los cultivos se alternan en todos los nombres del marrón, del verde, del amarillo y del naranja.

Carmona, desde su meseta, contempla el paso del tiempo. Se envejece poco a poco, orgullosa. Recuerda cuántos pasaron por sus puertas: cartaginenses, romanos, visigodos, musulmanes… conservando una combinación cultural que sigue latente entre sus casas encaladas con balcones llenos de geranios y sus iglesias. Es una ventana para asomarse a tiempos de Cartago cuando la Puerta Sevilla era el conjunto defensivo que protegía a la ciudad o cuando el Álcazar de la Reina era otro balcón a la vega, privilegio hoy de los alumnos de primaria del Colegio Pedro I. Los romanos asentaron su foro en la plaza San Fernando y su “ciudad de los muertos” fue descubierta de casualidad cuando se construía la carretera hacía Sevilla. La acrópolis de Carmona es una de las más antiguas de la Península y fue abierta al público hace más de 125 años.

Había pasado seguramente los quince, no estoy seguro de las fechas ni los años, cuando mis abuelos maternos vinieron a vivir a casa. La historia es larga pero no viene al caso. Lo que sí interesa es que fue en esa época cuando mi familia dejó de ir con asiduidad a Carmona. Todavía recuerdo a mi hermano sentado a mi izquierda, mi padre al volante y mi madre de copiloto. Eran algo más de veinte minutos pero a veces se me hacían eternos. Ahora, algo más crecido y con carné de conducir, intento visitar de vez en cuando esta localidad situada a unos 30 kilómetros de Sevilla y es entonces cuando me doy cuenta de los lazos, invisibles, que me atan por dentro a la misma.

Sus gentes, sus cosas de pueblo, sus saludos a grito pelao, el señor que vende en verano una bolsa de higos chumbos a un euro. Añoro sus calles desordenadas por donde suena el viento. El adoquinado y los guijarros que incomodan el andar de los que acostumbramos a caminar por aceras bien pavimentadas. El Mingalario y sus montaditos, el puesto de churros de La Bella en el paseo. Sus viejos sentados a la sombra del Teatro Cerezo. Sus viejas cargadas de bolsas que bajan del Mercado de Abastos por la calle San Felipe. Los niños que corren por la Plaza Arriba. El chorrito de agua que mana junto a la Puerta Córdoba. El bar de mi tío. Incluso ahora que dejé mi fe tirada en la cuneta, me acuerdo de cuando me levantaba con ilusión a las 5 de la mañana para hacer con mi abuela el Rosario de la Aurora de la Virgen de Gracia en el mes de septiembre. O cuando mi abuelo me retaba a ver si era capaz de nombrar todas las iglesias por el campanario; San Pedro, San Bartolomé, Sta. María, Santiago…

Carmona es auténtica. Es esencia. Es una ciudad desde 1630 con raíces de pueblo, con una historia que supera cualquier definición que desee nombrarla como una o como otro. Es esa atalaya que saluda al viajero que conduce por el valle del Guadalquivir dirección Córdoba, Madrid. Dirección Sevilla, Cádiz.